Mostrando entradas con la etiqueta hombre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hombre. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de marzo de 2013

El Héroe y el vendedor, 1ra parte

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"


–¡Ven acá, maricón, tú también te vas con nosotros! –gritó un policía vestido de civil a un vendedor que blandía con saña por la solapa de la camisa.
–Por su madrecita, yo no estoy en na´ –suplicó asustado el hombre, al sentir la punta del arma que amenazaba con volarle los sesos. Después fue lanzado sobre un carretón de madera detenido sobre el portal del bar. 
–Te voy a matar aquí mismo so´ desgracia´o –aseguró el agente.
Sonó un disparo y José Ramón, que a escasos metros combatía en franca desigualdad, cayó al suelo. El vendedor mojó sus pantalones, y debajo del carretón se dibujó un gran charco de orina; se sintió atravesado.
–Yo solo soy un vendedor de frutas, se lo juro –suplicó llorando, mientras José Ramón era arrastrado herido a la perseguidora. En ese momento lo creyeron muerto.
–Deja ese hombre, es gente buena –dijo uno de los policías, presto a subir al carro patrullero, sin dejar de ajustarse el uniforme.
–¿Este no es el que andaba con el otro? –insistió el guardia vestido de civil. El vendedor seguía suplicando su inocencia.
–Vamos, monta y deja a ese hombre que es gente nuestra –reiteró el uniformado que era el jefe del carro. El vendedor fue liberado y la perseguidora salió a toda prisa, mientras se escuchaba un disparo dentro de ella.
El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. 


Puedes continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, te esperamos,

o puede comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

jueves, 7 de febrero de 2013

1980

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

–¿Qué pasa allí? –pregunté a un vecino que miraba a lo lejos.
–Mira pa´llá… ¡qué molotera!, un carro se estrelló frente a la florería.
–¿Hubo muertos?
–Creo que dos.
Dejé de preguntar y seguí mi camino al trabajo. Siempre procuraba ser el primero en llegar. Era jefe de turno y me gustaba dar el ejemplo. Por el camino se agolpaban curiosos por todas partes. Querían saber el verdadero motivo de la molotera frente a la Florería. Hasta el carnicero había dejado de vender el pollo del racionamiento.
–¿Poco trabajo, Elías? –le dije al carnicero y sonreí. Una inmensa cola de vecinos se alteraba mientras esperaban por su inoportuna curiosidad.
–No ¡qué va! Mira como está la carnicería, pero quiero ver al atracador que cogieron.
–¿Pero no fue un accidente automovilístico? –dije asombrado.
–¿De dónde tú sacaste eso? Fue a un desgraciado que cogieron asaltando a una viejita –respondió muy seguro.
La duda me inquietó. Pero no podía seguir detenido por un evento contradictorio, ya iba atrasado. Reinicié la marcha. Cuanto más me acercaba a la florería, más compacto se hacía el tumulto de personas que obstruían el camino al trabajo.
–Oye, jefe, tremenda moña hay en esa casa, mataron a los dueños para robarle –dijo uno de mis trabajadores, que era vecino de la zona, cortándome el paso.
“¡Coño, ahí es donde viven el Chino y su esposa! ¿Las habrá sucedido algo a ese par de viejos?”, pensé. 

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrarás novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

sábado, 1 de diciembre de 2012

1980

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

–¿Qué pasa allí? –pregunté a un vecino que miraba a lo lejos.
–Mira pa´llá… ¡qué molotera!, un carro se estrelló frente a la florería.
–¿Hubo muertos?
–Creo que dos.
Dejé de preguntar y seguí mi camino al trabajo. Siempre procuraba ser el primero en llegar. Era jefe de turno y me gustaba dar el ejemplo. Por el camino se agolpaban curiosos por todas partes. Querían saber el verdadero motivo de la molotera frente a la Florería. Hasta el carnicero había dejado de vender el pollo del racionamiento.
–¿Poco trabajo, Elías? –le dije al carnicero y sonreí. Una inmensa cola de vecinos se alteraba mientras esperaban por su inoportuna curiosidad.
–No ¡qué va! Mira como está la carnicería, pero quiero ver al atracador que cogieron.
–¿Pero no fue un accidente automovilístico? –dije asombrado.
–¿De dónde tú sacaste eso? Fue a un desgraciado que cogieron asaltando a una viejita –respondió muy seguro.
La duda me inquietó. Pero no podía seguir detenido por un evento contradictorio, ya iba atrasado. Reinicié la marcha. Cuanto más me acercaba a la florería, más compacto se hacía el tumulto de personas que obstruían el camino al trabajo.
–Oye, jefe, tremenda moña hay en esa casa, mataron a los dueños para robarle –dijo uno de mis trabajadores, que era vecino de la zona, cortándome el paso.
“¡Coño, ahí es donde viven el Chino y su esposa! ¿Las habrá sucedido algo a ese par de viejos?”, pensé. 

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrarás novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

domingo, 18 de noviembre de 2012

El Héroe y el vendedor, 1ra parte

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"


–¡Ven acá, maricón, tú también te vas con nosotros! –gritó un policía vestido de civil a un vendedor que blandía con saña por la solapa de la camisa.
–Por su madrecita, yo no estoy en na´ –suplicó asustado el hombre, al sentir la punta del arma que amenazaba con volarle los sesos. Después fue lanzado sobre un carretón de madera detenido sobre el portal del bar. 
–Te voy a matar aquí mismo so´ desgracia´o –aseguró el agente.
Sonó un disparo y José Ramón, que a escasos metros combatía en franca desigualdad, cayó al suelo. El vendedor mojó sus pantalones, y debajo del carretón se dibujó un gran charco de orina; se sintió atravesado.
–Yo solo soy un vendedor de frutas, se lo juro –suplicó llorando, mientras José Ramón era arrastrado herido a la perseguidora. En ese momento lo creyeron muerto.
–Deja ese hombre, es gente buena –dijo uno de los policías, presto a subir al carro patrullero, sin dejar de ajustarse el uniforme.
–¿Este no es el que andaba con el otro? –insistió el guardia vestido de civil. El vendedor seguía suplicando su inocencia.
–Vamos, monta y deja a ese hombre que es gente nuestra –reiteró el uniformado que era el jefe del carro. El vendedor fue liberado y la perseguidora salió a toda prisa, mientras se escuchaba un disparo dentro de ella.
El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. 


Puedes continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, te esperamos,

o puede comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

miércoles, 10 de octubre de 2012

El Héroe y el vendedor, 2da parte


–Yo solo soy un vendedor de frutas, se lo juro –suplicó llorando, mientras José Ramón era arrastrado herido a la perseguidora. En ese momento lo creyeron muerto.
–Deja ese hombre, es gente buena –dijo uno de los policías, presto a subir al carro patrullero, sin dejar de ajustarse el uniforme.
–¿Este no es el que andaba con el otro? –insistió el guardia vestido de civil. El vendedor seguía suplicando su inocencia.
–Vamos, monta y deja a ese hombre que es gente nuestra –reiteró el uniformado que era el jefe del carro. El vendedor fue liberado y la perseguidora salió a toda prisa, mientras se escuchaba un disparo dentro de ella.
El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. La muerte al parecer le había dado una tregua, según los médicos debió morir desde hacía días. Una escena se le veía congelada en su mente. Tal pareciera que aquel joven era abatido en ese mismo instante. El ruido de los proyectiles aún zumbaba en sus oídos, podía escucharlo a través de sus pupilas lánguidas, casi muerta, diría. Nunca ocultó su miedo ni su incomprensión ante aquellas balas. Contó mientras pudo sobre el silbido de la bala, que derribó al joven combatiente, y jamás olvidó las ofensas y el forcejeo cuerpo a cuerpo que antecedieron a la muerte.
Pasé trabajo para que alguien pudiera dar fe de lo acontecido, a pesar de que el nombre de José Ramón anda mezclado en la vida que transito.
Solo sé que es un mártir, desconozco su historia, fue la primera respuesta que obtuve en una dependencia estatal que llevaba su nombre. Durante días anduve indagando por las bibliotecas, y poco pude lograr, a pesar de la colaboración de sus trabajadores. No existía documentación ni libros que mencionaran el nombre del muchacho que había muerto ese día. En la Unión de Historiadores de Cuba nada tenían al respecto. Pensé que fue un hombre irrelevante y que el miedo que provocó su muerte al vendedor fue exagerado. Pero... ¿y la historia oída tantas veces? ¿Y el miedo en el rostro del vendedor y su angustia al contar lo sucedido? Tenía la versión del hecho bien concebida:
Dos jóvenes se bajaron de una ruta 28 en la parada frente al Jalisco Park. Dejaron la calle 23 y siguieron por 18.
–Toma el arma –dijo José Ramón, al sospechar que el hombre frente al bar de Miguel era un policía vestido de civil; el arma iba oculta en la cintura, trató de pasársela a su colega.
–Quédate con ella... a ti es al que buscan –insistió el compañero titubeando. Hubo un segundo de discordia, hasta que con gran tensión José Ramón pudo colocar el cuarenta y cinco en la cintura de su acompañante.
–No cojas por ahí –advirtió el amigo, receloso de que hubieran montado una celada en la intersección. 
El agente hablaba al oído de una persona que obsequiándole frutas de una carretilla respondía sigiloso y trémulo, manteniéndose inmóvil sobre el portal del bar de Miguel. Era un vendedor ambulante que, súbitamente, había suspendido sus pregones mañaneros.
–A ese me le escapo en su nariz, o, lo estrello contra el piso. El arma es tuya, te ordeno alejarte de mí… de ese me encargo yo –contestó José Ramón.
Así se hizo, el compañero tomó el arma y cambió de rumbo, él se dispuso a atravesar el punto neurálgico.
La versión del suceso, contada tantas veces por el vendedor, me había llevado a tener mi propia apreciación del hecho. La historia desconocida del mártir era cautivadora. Muchas veces me reproché estar ocupado en alguien que no resolvería el cúmulo de problemas que afectan mi vida cotidiana.      
¿Cómo habría escapado su compañero de la muerte? 



Puedes continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, te esperamos,

o puede comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

jueves, 12 de abril de 2012

1980

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

  –¿Qué pasa allí? –pregunté a un vecino que miraba a lo lejos.
–Mira pa´llá… ¡qué molotera!, un carro se estrelló frente a la florería.
–¿Hubo muertos?
–Creo que dos.
Dejé de preguntar y seguí mi camino al trabajo. Siempre procuraba ser el primero en llegar. Era jefe de turno y me gustaba dar el ejemplo. Por el camino se agolpaban curiosos por todas partes. Querían saber el verdadero motivo de la molotera frente a la Florería. Hasta el carnicero había dejado de vender el pollo del racionamiento.
–¿Poco trabajo, Elías? –le dije al carnicero y sonreí. Una inmensa cola de vecinos se alteraba mientras esperaban por su inoportuna curiosidad.
–No ¡qué va! Mira como está la carnicería, pero quiero ver al atracador que cogieron.
–¿Pero no fue un accidente automovilístico? –dije asombrado.
–¿De dónde tú sacaste eso? Fue a un desgraciado que cogieron asaltando a una viejita –respondió muy seguro.
La duda me inquietó. Pero no podía seguir detenido por un evento contradictorio, ya iba atrasado. Reinicié la marcha. Cuanto más me acercaba a la florería, más compacto se hacía el tumulto de personas que obstruían el camino al trabajo.
–Oye, jefe, tremenda moña hay en esa casa, mataron a los dueños para robarle –dijo uno de mis trabajadores, que era vecino de la zona, cortándome el paso.
“¡Coño, ahí es donde viven el Chino y su esposa! ¿Las habrá sucedido algo a ese par de viejos?”, pensé. 

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrarás novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

domingo, 1 de abril de 2012

Preámbulo para un suicida


Me busqué en esa maldita lista, pero mi nombre no apareció. Al salir del teatro tenía la cabeza a punto de estallar; en la garganta se atoraba un nudo. No sabía cómo enfrentar la situación en la casa. A mi esposa le había negado, muchas veces, mi atención en aras del trabajo, poniéndola incluso a soñar con las divisas que ganaría al ser reabierta la fábrica, daba por seguro mi permanecía en el centro laboral.
–¿No estás ahí? –dijo Amable, un compañero que también se buscaba, y al contestarle negativamente sugirió que revisara en las listas puestas frente a la Administración–. En aquellas debes de estar –aseguró.


Crucé la calle con actitud suicida al finalizar la jugarreta montada tras la bambalina del teatro, del otro lado alguien esperaba.
–¿Estás loco? ¿O te quieres morir? –dijo Mario, un antiguo amigo de clases.
–Loco no estoy –respondí bien molesto.
–No permitiré que cometas una locura, menos ahora que vamos a ser yuntas. Te invito a tomar unos tragos, sé que no eres bebedor, pero hoy la ocasión lo amerita, vamos a ser compañeros en la pincha –aseguró Mario. 
Me dirigí al lugar indicado por Amable y desesperado busqué en los listados frente a la administración. Mi nombre no apareció, esto me llevó a entrar a la oficina donde fui recibido por el administrador que esbozaba una sonrisa y fumaba un gran Habano.


–Ven, mi yunta, te invito a tomar unos tragos, sé que no eres bebedor, pero hoy la ocasión lo amerita, vamos a ser compañeros en la pincha, aseguró.
No entendía las palabras de Mario, mi infortunio lo mantenía en absoluto secreto, y ser su compañero era estar en la calle metido en negocios turbios con dinero siempre en los bolsillos, cosa que no se ceñía a mi vida austera y laboriosa. Por un momento pensé que era un reclutamiento para alguna de sus sinvergüencerías. No abrí la boca, me encontraba atormentado, lo sucedido detrás de las bambalinas del teatro, me tenía con desgano. Acto seguido Mario me tomó por un brazo arrastrándome a un bar cercano.


–¿Qué se le ofrece, compañero? –dijo el administrador en tono muy pausado pese a mi forma brusca de entrar.
–Vine a que me explique el porqué quedé fuera de todas esas listas.
El administrador absorbió una bocanada del oloroso tabaco, convidándome a sentar, su serenidad hizo que lo obedeciera sin decir una palabra.
–Trae dos laguer bien fríos –pidió mi amigo al cantinero. Nos sentamos y me acodé en la barra para sostener la cabeza.
–Cerveza no, si voy a tomar quiero algo que me raspe la vida.
–¡Oh, qué bien!, mejor así, yo también soy bebedor fuerte... pon dos vasos con vodka y una naranjada –volvió a ordenar Mario.
Con los dos vasos llenos de vodka mi amigo propuso un brindis.
–¿Brindis?... ¿Por qué?
–Porque vamos a ser yuntas en la pincha, yo te enseño a meter cabeza y tú me alumbrarás dentro de la fábrica, llevas un montón de años dentro del monstruo.
Aunque estaba claro lo que decía Mario, seguía sin entenderlo, no tenían lógicas sus palabras. Lo observé con detenimiento antes de emitir criterio alguno, él permanecía bebiendo y concentrado en su vaso de vodka pintado de naranjada, yo el mío ni lo tocaba. Se divertía con su vaso y mi recelo, al tiempo que esperaba mis palabras.


–Mire, compañero, nosotros solos no hicimos la selección, estuvieron presentes todos los factores del centro, incluyendo el socio extranjero y la comisión fue presidida por el sindicato, quien dio el visto bueno –aclaró el futuro gerente.
–¿Cómo el sindicato va a dar el visto bueno a mi despido? Si yo estoy lleno de méritos, era hasta Vanguardia provincial. ¡Coño!, estúpido que fui. ¿Con qué cara digo en casa que quedé fuera de la fábrica?
El futuro Gerente solo me observaba fumando el gran Habano, no hizo el más mínimo de los gestos, atendía como si calculara una respuesta.


–Oye, compadre, ¿cómo si la fábrica está cerrada y no se sabe cuando vuelve a abrir, ni quienes se quedarán trabajando en ella, vas a venir con tanta seguridad a decirme que seremos compañero de trabajo?
–Voy a entrar por uno de los cursos que pusieron a convocatoria –contestó Mario.


–No se ponga así, compañero… –dijo el administrador–, el Estado no deja desamparado a nadie. ¿Usted se buscó en el listado que está en el pasillo?
–Sí, es por eso que estoy aquí.
El administrador hizo una mueca de asombro.
–Entonces le otorgaron un curso que no le gustó, ¿es eso?
–No, creo que he sido bien claro, ¡no aparezco ni en los centros espirituales!
–¡Tiene que existir un error! El consenso sobre usted era insuperable.
–Esa es mi esperanza, que exista algún error.


Lo miré sorprendido, él se mostró risueño con su vista clavada en mí, ya nos veíamos, nuestras pupilas se habían adaptado a la penumbra del bar. Recordaba el pasado, la época en que estudiábamos, realmente Mario cursaba dos cursos por encima del mío.
–Es imposible que puedas entrar a la fábrica por uno de esos cursos –le dije.
Después hice algunos análisis. La convocatoria de los cursos no es muy específica, no aclara la procedencia de los aspirantes, pero está bien definido, como un requisito inviolable e indispensable, el límite de edad.
–Dame una razón que me imposibilite entrar en uno de ellos –respondió desafiante Mario interrumpiendo mi meditación.


El administrador se levantó de su butacón, salió en dirección al lugar donde estaban colgadas las listas, las husmeó por un rato hasta que decidió regresar.
–Dígame, ¿Qué edad tiene usted?
–Treinta y cinco.
–¿Cumplido o por cumplir?
–Hace tres meses que los cumplí.
–Esto me dice que cuando se reunió la comisión ya había cumplido los treinta y cinco años –el futuro Gerente hizo un brusco movimiento de cejas.
–¿Qué tiene que ver mi cumpleaños con quedar fuera; sin trabajo?
–Usted no ha quedado sin trabajo, mejor diríamos, que está por reubicar, además tiene derecho a reclamar ante su sindicato. Le pregunté su edad para ganar en claridad y poder explicarle su situación –dijo el administrador comunicándome que los cursos eran para menores de treinta y cinco años.


–Compadre, no sea porfiado, ¿tú no leíste la convocatoria? –dije a Mario quien confesó que a través de otro amigo conoció de la convocatoria, que nunca leyó y el mismo amigo hizo la solicitud entregándola a su nombre.
–¡Tu amigo no te habló claro!... ¡Existe un límite de edad para entrar en esos cursos y tú estás bastante pasadito! –afirmé frente a Mario quien siguió bebiendo feliz, risueño; muy seguro de entrar al curso. Ya iba por el tercer vaso de vodka, el mío se mantenía intacto, pero el tipo me simpatizaba y llegué a solidarizarme y hasta creí comprender su actitud panglosiana. Éramos dos incautos de sueños truncados. Yo perdía mi trabajo, mis sueños de cobrar divisas. Él, su curso y su sueño de volver a ser mi compañero.


–¡Qué clase de mierda me han hecho! –grité en las oficinas, no podía creer lo que sucedía, apenas por treinta días de vida perdía la permanencia laboral.
En ese mismo momento hice la primera reclamación, teniendo cuidado que nadie se enterara en la casa, estaba seguro de que mi reclamo era irrebatible. Las listas se marchitaban en los murales, casi a diario iba a revisarlas con la esperanza de que mi nombre apareciera en una de ellas, hasta que recibí una citación para el teatro de la fábrica. Ese día fui dispuesto a defender mis derechos frente a los de la comisión, y ante un representante sindical salido de no sé dónde.

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito



viernes, 9 de marzo de 2012

El Héroe y el vendedor, 4ta parte


Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"


–¿Es todo lo que tiene? ¿Puede hablarme sobre él? –imploré, necesitado de algo y alguien que pudiera aportar más detalles. Esas frías biografías, una hija de la otra, no se asemejaban al testimonio del vendedor. El especialista no fue muy cooperativo, afirmó carecer de más información, tampoco sabía quién era el autor de la biografía, no dejó que la transcribiera por falta de tiempo, y no se pudo pasar el escrito a un disquete por problemas en el ordenador.
El bibliotecario cerró el programa y apagó el equipo, realmente se veía apurado. Salí del local y mientras caminaba por la espaciosa biblioteca la desazón reprendía mis meditaciones, sintiéndome insatisfecho.
Alberto, Alberto, no puedes pretender que te hablen del mártir de la misma manera que lo hizo el vendedor, él vivió la historia que repetía. Faltaban pocos metros para llegar a la puerta de salida, aminoré el paso y miré hacia un punto donde había varias mesas con sus sillas, un fondo con ventanas de cristal y una gran vitrina, cerca de la puerta, hacia dónde me dirigí. Viejos documentos, medallas y trofeos, además de varias fotos, se guardaban detrás del cristal. Todo se veía opaco y marchito dentro del mueble, era evidente que desde hacía años no recibían tratamiento de conservación, total ¿para qué?, todo el mundo pasaba frente a la vitrina sin recabar en ella, en cualquier momento te sacan de aquí, murmuré frente a ella mirando las fotos y demás elementos expuestos.
La historia tantas veces descrita, mis investigaciones, mi necesidad de saber y conocer a fondo la vida de aquel joven, tomaron otro matiz al ver sus objetos personales frente a mí. Me sentí cerca de él al ver sus diplomas escolares, sus fotos y sus trofeos.
Con los datos recabados de las biografías y el material histórico que tenía al frente se hacía menos impersonal, pero sus fotos me consternaron, siempre lo había imaginado maduro, de fracciones duras y con vasta experiencia en la vida y la lucha revolucionaria. Había sido asesinado casi al final de la adolescencia, las fotos descubrían rasgos infantiles, desprovistos de temple y valentía, contrastando con su grado de Capitán, Jefe de la Célula número 8, de acción y sabotaje, del Movimiento 26 de Julio en una Habana inconstitucional, corrupta y tiránica.
–Se puede quedar aquí adentro –sugirió el bibliotecario que salía apresurado–. ¡Ah!, no le abra a nadie.
Al parecer estaba tan sumido en la vitrina, que no se atrevió a sacarme de la biblioteca, pese a ser un extraño.
–Esas fotos, documentos y trofeos fueron una donación hecha por los familiares del mártir, creo que la hermana y la madre. La biografía la hicieron en la Casa de los Combatientes del municipio –afirmó, cerrando la puerta.
Solo en el inmenso salón y frente a la historia que se mostraba en la vitrina quedé extasiado por un largo rato. La historia del vendedor y mi historia preconcebida tenían que ser ajustadas, según la biografía, el suceso había ocurrido sobre las tres de la tarde, dos horas después fue encontrado por amigos y familiares en el hospital Emergencia con un tiro en la nuca que fue lo que lo mató, el disparo fue hecho a boca jarro, duró cuatro días con vida, nunca recobró el conocimiento.
El balazo recibido frente a mi testigo, dio en su espalda, herida que tenía en el cuerpo a la hora de su muerte. El tiro escuchado por el vendedor dentro de la escalera, no hizo blanco. Según mis deducciones, el disparo que lo hirió de muerte fue el realizado en la perseguidora, en la calle 18 antes de doblar por 17.
Todo me llevaba a la Asociación de Combatientes de la Revolución del Municipio Plaza. 
–No, compañero, de ese mártir no hay nada escrito –argumentó una funcionaria–, ahora es que estamos investigando sobre él, será declarado el mártir del municipio –anunció–. Lo que sabemos es que intentó huir de un patrullero al ser delatado. Él nunca pudo llegar a la escalera ni entrar al edificio, antes, un tiro en la espalda lo derribó.
Mi versión de la historia le intereso mucho; fue más que evidente, manteniéndose casi todo el tiempo en silencio e impávida. Nunca rebatió mi relato. Solo se dedicó a exponer los elementos tal y como los conocía. Por último, me dio la dirección y el número telefónico del historiador de la Asociación para que diera mi versión, cosa que no hice.
Al terminar las pesquisas me dirigí al lugar de los hechos. Pasé las manos sobre el bronce de la tarja. Mis dedos palparon las palabras inscrita a relieve.
–Mártir no, héroe es tu estirpe, no fuiste a la lucha por hambre, ni porque te viste envuelta en ella, ni por librarte de alguna deuda o condena, no aspirabas a conquistar ciudades, como muchos otros, fuiste todo coraje, desprendiéndote de lo que poseías y de un futuro tranquilo, para ti, mi respeto –exclamé en el lugar donde tantas veces revolqué mi cuerpo cuando jugaba mientras fui niño.
En ese momento creí tener certeza sobre lo ocurrido el siete de agosto de 1957 en la intersección de las calles 18 y 19 en el Vedado capitalino.
Una siniestra sonrisa exhibía el rostro del viejo vendedor, aún respiraba. ¿Cuál habría sido su participación?

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito


domingo, 4 de marzo de 2012

El Héroe y el vendedor, 3ra parte


Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

–Eran unos asesinos, lo arrastraron boca abajo por las escaleras, como si fuera un saco, su cara chocaba sin misericordia en cada escalón y sobre el piso de granito de la entrada el edificio –siempre contaba el vendedor, conteniendo su respiración, nunca quiso que sus hijos lo vieran llorar–, pero el muchacho se repuso y se incorporó, le dio otra paliza. Por segunda vez, tambaleándose, trató de ganar las escaleras, era su única vía de escape. Tres de los policías vestían uniformes, el cuarto, vestido de civil y que se había mantenido alejado de la persecución y las palizas, salió del auto y disparó. El joven cayó al piso antes que pudiera llegar a la puerta del edificio. Tinto en sangre, el cuerpo de José Ramón yacía muy cerca del contén, después fue tirado en el patrullero, que salió chillando gomas del lugar. Antes de doblar a la calle 17 se sintió un disparo dentro de la perseguidora, al parecer era el tiro de remate.
Al otro día fui al tecnológico. Caminé alrededor de dos kilómetros para llegar al objetivo. Detuve la marcha a mitad del recorrido, frente a una tarja, que tenía inscrito el nombre del joven. Era el lugar del asesinato. Ubiqué en mi mente todos los elementos de la historia, y así poder reconstruir los hechos en el mismo sitio. ¿Cómo es posible que se conozca tan poco de ti?, musité frente al memorial, también recordaba que en ese mismo lugar, en esa misma intersección, pasé parte de mi infancia, cuatro años después de su muerte comencé a andar por el sendero que marcó su sangre.
 Luego del trámite de la puerta del tecnológico quedé enredado en los laberintos de la escuela, hasta que pude encontrar la oculta cátedra dónde trabajaba mi amigo. Ya en el lugar, en el sótano del edificio, era esperado por la eterna sonrisa de Martino.
–¡Toma el mural! –dijo sin protocolo de recibimiento, entregándome una tabla que reposaba en el suelo y que cumplía tal fin. Con ansiedad husmeé el mural hasta dar con un escrito pegado con tachuela, que poco a poco fue cubriendo toda mi imaginación y puntos de vista. Pero al terminar de leer la cuartilla noté imprecisiones respecto a mi historia, además, mis expectativas eran grandes y la crónica realmente era breve, tornándoseme insustancial.
–¿No hay más? –pregunté.
–Ahí está todo, si quieres más te recomiendo que subas a la biblioteca, allí hay hasta objetos personales de él, y quizás el viejo del archivo tenga en la computadora más datos.
En un pequeño local en el fondo de la biblioteca había un empleado atendiendo a varios estudiantes que solicitaban sus servicios. Una pequeña mesita, un armario sobre el que se amontonaban varias máquinas de vídeos, un mueble con puertas de cristal y la computadora en su mesita eran varios de los componentes del cuarto.
–¿Qué desea, compañero? –inquirió el bibliotecario al percatarse de mi presencia. Los alumnos dejaron de acosarlo, dedicándose a observarme. Le expliqué mi interés y mientras lo hacía movía su cabeza en forma negativa, al parecer era una maña, porque era recurrente y nunca la detuvo. Con mucho trabajo logró llegar al archivo de la computadora donde había otra biografía, tenía un poco de más datos que la leída en el mural de la cátedra.
–¿Es todo lo que tiene? ¿Puede hablarme sobre él? –imploré, necesitado de algo y alguien que pudiera aportar más detalles. 


Puedes continuar leyendo en este blog, te esperamos,

o puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito



martes, 28 de febrero de 2012

El Héroe y el vendedor, 2da parte

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"


El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. La muerte al parecer le había dado una tregua, según los médicos debió morir desde hacía días. Una escena se le veía congelada en su mente. Tal pareciera que aquel joven era abatido en ese mismo instante. El ruido de los proyectiles aún zumbaba en sus oídos, podía escucharlo a través de sus pupilas lánguidas, casi muerta, diría. Nunca ocultó su miedo ni su incomprensión ante aquellas balas. Contó mientras pudo sobre el silbido de la bala, que derribó al joven combatiente, y jamás olvidó las ofensas y el forcejeo cuerpo a cuerpo que antecedieron a la muerte.
Pasé trabajo para que alguien pudiera dar fe de lo acontecido, a pesar de que el nombre de José Ramón anda mezclado en la vida que transito.
Solo sé que es un mártir, desconozco su historia, fue la primera respuesta que obtuve en una dependencia estatal que llevaba su nombre. Durante días anduve indagando por las bibliotecas, y poco pude lograr, a pesar de la colaboración de sus trabajadores. No existía documentación ni libros que mencionaran el nombre del muchacho que había muerto ese día. En la Unión de Historiadores de Cuba nada tenían al respecto. Pensé que fue un hombre irrelevante y que el miedo que provocó su muerte al vendedor fue exagerado. Pero... ¿y la historia oída tantas veces? ¿Y el miedo en el rostro del vendedor y su angustia al contar lo sucedido? Tenía la versión del hecho bien concebida:
Dos jóvenes se bajaron de una ruta 28 en la parada frente al Jalisco Park. Dejaron la calle 23 y siguieron por 18.
–Toma el arma –dijo José Ramón, al sospechar que el hombre frente al bar de Miguel era un policía vestido de civil; el arma iba oculta en la cintura, trató de pasársela a su colega.
–Quédate con ella... a ti es al que buscan –insistió el compañero titubeando. Hubo un segundo de discordia, hasta que con gran tensión José Ramón pudo colocar el cuarenta y cinco en la cintura de su acompañante.
–No cojas por ahí –advirtió el amigo, receloso de que hubieran montado una celada en la intersección. 
El agente hablaba al oído de una persona que obsequiándole frutas de una carretilla respondía sigiloso y trémulo, manteniéndose inmóvil sobre el portal del bar de Miguel. Era un vendedor ambulante que, súbitamente, había suspendido sus pregones mañaneros.
–A ese me le escapo en su nariz, o, lo estrello contra el piso. El arma es tuya, te ordeno alejarte de mí… de ese me encargo yo –contestó José Ramón.
Así se hizo, el compañero tomó el arma y cambió de rumbo, él se dispuso a atravesar el punto neurálgico.
La versión del suceso, contada tantas veces por el vendedor, me había llevado a tener mi propia apreciación del hecho. La historia desconocida del mártir era cautivadora. Muchas veces me reproché estar ocupado en alguien que no resolvería el cúmulo de problemas que afectan mi vida cotidiana.      
¿Cómo habría escapado su compañero de la muerte? Ni tan siquiera tuvo necesidad de disparar el arma, solo escapó. Lo más probable fue que antes de llegar a la intersección de las calles 18 y 19 los dos jóvenes se separaron. El guardia debió seguir al que iba desarmado; o, en efecto, José Ramón era el objetivo. Esto lo hizo precipitarse de la acera para cruzar la calle 19 con intenciones de correr 18 abajo. El policía avanzó unos pasos en dirección a la calle 16. Por un momento el joven aminoró la marcha, al ver que el peligro perecía alejarse. Su compañero, con pasos aligerado escapó en dirección opuesta al policía, que no tuvo intenciones de retirarse, solo avanzó escasos metros para avisar a una perseguidora detenida en la otra esquina, que encendió la sirena, signo de muerte y miedo.
Un mensajero de un banco de películas llamado Martino, vecino de la cuadra donde vivía, me aconsejó dirigirme a un tecnológico que llevaba el nombre del mártir, y de donde él era profesor. Alternaba las dos funciones. Me aseguró no recordarse de la vida del joven combatiente, pero dejó entrever que existía una biografía en algún lugar de la cátedra. Creo que hace unos años mandé a redactar su biografía.
Al sentir la sirena de la perseguidora José Ramón corrió; pronto la tuvo cerca, trató de escabullirse en la escalera del edificio que está por la calle 18, al lado del bar, pensaba en mi desvelo, reconstruía los hechos. A partir de ese momento tenía el testimonio del más cercano y único testigo o talvez el delator; el vendedor ambulante. Todas las personas desaparecieron del lugar, l as ventanas y puertas fueron cerradas, el miedo que infundía la perseguidora era evidente. La versión que no se asemeje a la mía, es falsa, decía constantemente el vendedora quien vi más de una vez sobresaltarse con lágrimas en los ojos, cuando el recuerdo de aquel día se apoderaba de él. No se había quedado por valentía, le fue imposible huir.
–A esa hora mandarme a correr era ser blanco fácil de una confusión y de una bala –describía el vendedor.
Optó por tirarse al suelo, desde donde pudo ver cómo José Ramón al tratar de entrar al edificio era alcanzado por los esbirros a quienes apabulló a estrellones y, después de liberarse momentáneamente de ellos, entró y corrió escalera arriba; después sonó un disparo.
–Eran unos asesinos, lo arrastraron boca abajo por las escaleras, como si fuera un saco, su cara chocaba sin misericordia en cada escalón y sobre el piso de granito de la entrada el edificio –siempre contaba el vendedor, conteniendo su respiración, nunca quiso que sus hijos lo vieran llorar–, pero el muchacho se repuso y se incorporó, le dio otra paliza. 

Puedes continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, te esperamos,

o puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito


sábado, 25 de febrero de 2012

El Héroe y el vendedor, 1ra parte

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

–¡Ven acá, maricón, tú también te vas con nosotros! –gritó un policía vestido de civil a un vendedor que blandía con saña por la solapa de la camisa.
–Por su madrecita, yo no estoy en na´ –suplicó asustado el hombre, al sentir la punta del arma que amenazaba con volarle los sesos. Después fue lanzado sobre un carretón de madera detenido sobre el portal del bar. 
–Te voy a matar aquí mismo so´ desgracia´o –aseguró el agente.
Sonó un disparo y José Ramón, que a escasos metros combatía en franca desigualdad, cayó al suelo. El vendedor mojó sus pantalones, y debajo del carretón se dibujó un gran charco de orina; se sintió atravesado.
–Yo solo soy un vendedor de frutas, se lo juro –suplicó llorando, mientras José Ramón era arrastrado herido a la perseguidora. En ese momento lo creyeron muerto.
–Deja ese hombre, es gente buena –dijo uno de los policías, presto a subir al carro patrullero, sin dejar de ajustarse el uniforme.
–¿Este no es el que andaba con el otro? –insistió el guardia vestido de civil. El vendedor seguía suplicando su inocencia.
–Vamos, monta y deja a ese hombre que es gente nuestra –reiteró el uniformado que era el jefe del carro. El vendedor fue liberado y la perseguidora salió a toda prisa, mientras se escuchaba un disparo dentro de ella.
El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. 


Puedes continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, te esperamos,

o puede comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

viernes, 24 de febrero de 2012

Preámbulo para un suicida, cuentos para adultos




Sinopsis:
La ambiguedad social de los años sesenta reflejada en los niños de una familia acosada por la sociedad y la miseria, el relato más extenso publicado sobre un héroe casi ignorado, el renacer de la nueva sociedad cubana pos soviética vista desde la angustia de un obrero vanguardia, una breve pasada a los años 80, las visicitudes de un pueblo asfixiado entre dos aguas.

Puede comenzar a leer aquí en una próxima entrada o en:
http://albertoacostabrito.galeon.com/paginas/Adultos.html
 
Puedes encontrarlo en:
http://www.amazon.com/dp/B005RFFNC8
y en
http://www.smashwords.com/books/view/95870
y en
http://www.xinxii.com/es/arcoiris-de-cuentos-p-331118.html
y en
http://www.lulu.com/product/ebook/arcoiris-de-cuento/17267349?productTrackingContext=author_spotlight_378661_
a solo 0.99 USD.