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sábado, 16 de febrero de 2013

La Aurika (1ra parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”


La Aurika, 1era parte.

La lavadora Aurika estaba en el borde de la acera; la suerte nos había acompañado ese día. El equipo, increíblemente, tuvo reparación en un taller cercano. Mi esposa cantaba a nuestra hija una canción infantil. Se veían felices, ajenas a mí y al motivo que nos había llevado a aquella esquina. Aparté la vista de ellas por un momento; para ser sincero llevaba un tiempo con la vista apartada del mundo, hasta de ellas, solo esporádicamente pequeños raptos felicidad me inducían a mirarlas. Me había transformado en un cautivo de la vida pasada o mejor dicho de la vida que me había pasado por encima. Con todo y eso, la prefería y la añoraba. Me eternicé en una inútil divagación mental sobre un pasado que jamás volvería. De eso quedé convencido aquel día al mirar hacia el borde de la acera donde ya no estaba nuestra lavadora. La Aurika ahora estaba detrás de un lujoso jeep todoterreno. Dos refinadas mulatas, llenas de alhajas, la cargaban. Corrí hacia ellas. Mi esposa arrastró a la niña, secundando mi acción.
–Compañeras, ¿qué hacen con mi lavadora? –dije a las elegantes señoras.
–¿Tu lavadora?... La tuya será otra, porque esta es nuestra –dijeron en copla perfecta, con evidentes ínfulas de superioridad–, paramos para acomodarla porque maltrataba nuestra compra –acotaron.
El interior del jeep estaba repleto de mercancías compradas en divisas, de esas que hacen empequeñecer a cualquier hombre honrado y trabajador que viva solo del salario y que además, tenga esposa e hija. Nosotros, mi familia y la vieja Aurika, dábamos una sensación de anacronismo junto a aquella gota de esplendor ostentoso caída en una ciudad que lloraba piedad y miseria.
–¡No!... esa es mi lavadora, la que gané mérito a mérito, con mi trabajo.
–Me parece que te confundiste –dijo una de ellas– ¿méritos?... –murmuró– mira, yo no sé de donde tú saliste, porque hasta donde nosotras conocemos las cosas se compran con dinero, no con esa cosa que mencionaste –acotó a la vez que su compañera la apoyaba con gestos–, busca la tuya, que esta se compró con dinero.
Los tres forcejeábamos, ellas empujaban la Aurika hacia arriba, yo hacia abajo. Una me agredió, mi esposa la abofeteó. La Aurika cayó al piso. La policía llegó.

Puede continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, le esperamos
o si le apura puede continuar en:
http://albertoacostabrito.galeon.com/

o comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito

También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito


martes, 27 de noviembre de 2012

La Aurika (1ra parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”

La Aurika, 1era parte.

La lavadora Aurika estaba en el borde de la acera; la suerte nos había acompañado ese día. El equipo, increíblemente, tuvo reparación en un taller cercano. Mi esposa cantaba a nuestra hija una canción infantil. Se veían felices, ajenas a mí y al motivo que nos había llevado a aquella esquina. Aparté la vista de ellas por un momento; para ser sincero llevaba un tiempo con la vista apartada del mundo, hasta de ellas, solo esporádicamente pequeños raptos felicidad me inducían a mirarlas. Me había transformado en un cautivo de la vida pasada o mejor dicho de la vida que me había pasado por encima. Con todo y eso, la prefería y la añoraba. Me eternicé en una inútil divagación mental sobre un pasado que jamás volvería. De eso quedé convencido aquel día al mirar hacia el borde de la acera donde ya no estaba nuestra lavadora. La Aurika ahora estaba detrás de un lujoso jeep todoterreno. Dos refinadas mulatas, llenas de alhajas, la cargaban. Corrí hacia ellas. Mi esposa arrastró a la niña, secundando mi acción.
–Compañeras, ¿qué hacen con mi lavadora? –dije a las elegantes señoras.
–¿Tu lavadora?... La tuya será otra, porque esta es nuestra –dijeron en copla perfecta, con evidentes ínfulas de superioridad–, paramos para acomodarla porque maltrataba nuestra compra –acotaron.
El interior del jeep estaba repleto de mercancías compradas en divisas, de esas que hacen empequeñecer a cualquier hombre honrado y trabajador que viva solo del salario y que además, tenga esposa e hija. Nosotros, mi familia y la vieja Aurika, dábamos una sensación de anacronismo junto a aquella gota de esplendor ostentoso caída en una ciudad que lloraba piedad y miseria.
–¡No!... esa es mi lavadora, la que gané mérito a mérito, con mi trabajo.
–Me parece que te confundiste –dijo una de ellas– ¿méritos?... –murmuró– mira, yo no sé de donde tú saliste, porque hasta donde nosotras conocemos las cosas se compran con dinero, no con esa cosa que mencionaste –acotó a la vez que su compañera la apoyaba con gestos–, busca la tuya, que esta se compró con dinero.
Los tres forcejeábamos, ellas empujaban la Aurika hacia arriba, yo hacia abajo. Una me agredió, mi esposa la abofeteó. La Aurika cayó al piso. La policía llegó.

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jueves, 5 de abril de 2012

La Aurika (3ra parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”

La Aurika, 3era parte
 
–Que se acerquen los representantes de cada una de las partes –ordenó el Juez.
Un señor de cuello y corbata, con un elegante portafolio de piel de serpiente, se acercó a la mesa y dijo algo, después señaló para las señoras. El juez al ver que faltaba nuestro representante, preguntó:
–¿Y el abogado de ustedes?
–Yo no sabía que había que traer abogado, solo vine a buscar mi lavadora.
Todos en la sala rieron. Yo estaba convencido que un tipo como yo, trabajador de toda una vida, se le sobresaldrían los méritos por encima de la ropa, llegado el momento. El juez golpeó la mesa con un mazo de madera y sonrió para decir:
–Usted está aquí para litigar una lavadora, no para llevársela –incriminé a mi esposa con la mirada: ¡Comemierda, debiste estudiar derecho y no magisterio!, le dije en silencio. Ella pareció escucharme, bajó la cabeza.
–Quién se va a llevar esa lavadora lo determino yo, en dependencia de las pruebas que obren a favor o en contra de cada una de las partes –aclaró el letrado.
Mi esposa levantó el rostro con evidente ira. Imaginé su réplica: ¡Comemierda serás tú! La niña estaba en el medio. Era como un muro de contención. Sin ella nos hubiéramos ido a las manos. Dime, ¿qué te dieron tus diplomitas de cumplidor de la Emulación Socialista y tu condición de Vanguardia?... estúpido, estúpido. Gritaba, estaba seguro de que lo pensaba. El Juez no dejaba de cuestionarnos–. Debió haber ido a un bufete de abogados y solicitar los servicios de un civilista...–de esta pierdo a mi esposa. ¿Qué mujer quisiera estar con un fracasado? con un tipo que se deja timar con tanta felicidad. Ninguna, pensé. ¡No seré el primero, ni el último! Muchos estuvimos comiendo mierda por años. Sentí un fuerte nudo en la garganta al verme separado de mi hija. ¡Coño, tengo que reconocer que las quiero!– Si decidió defenderse usted mismo, vamos a ver como sale de aquí –indicó el Juez.
Así empezaba el caso de la lavadora Aurika. El juez oyó todas las partes implicadas. Las mulatas no abrieron la boca; el abogado habló por ellas. Mencionó un millón de por cuantos y artículos mientras demostraba la intachable conducta de sus defendidas. Se apoyaba con un montón de papeles. Nosotros solamente llevábamos el carné de identidad. Mi esposa debió pensar así. No me conocía tan bien como se imaginaba. Se llevaría un fiasco. No sabía de mi carta escondida. Era una sorpresa. Solo esperaba el momento preciso para sacarla y así desacreditaría a las dos estafadoras. Sería mi triunfo, el que me haría recuperar su confianza. Volvería a sentir orgullo de tener un marido intachable, un hombre inteligente y trabajador. No un estúpido, como el que estaba mirando. Se le notaba en el rostro, en aquella mirada fija que me entraban por el medio del pecho. Viví en un eterno reproche por haberlas abandonado en casa, domingo tras domingo. Me iba a la fábrica a hacer trabajos voluntarios. Cumplía con los días de la defensa y con cuánta mierda inventaran. ¡La niña quiere salir a un parque con su papá, ir al cine, vernos juntos! Pedía constantemente. Pero lo hecho, hecho está, y el tiempo no regresa, no vuelve atrás. Ahora estaba en condiciones, según había calculado, de reivindicarme frente a ella y mi hija. Volvería a ser el mismo de antes. El que se batía a capa y espada en aquellas reuniones sindicales en defensa de los méritos que quisieron escamotearme, en ocasiones, ciertas pandillas laborales. Así me hacía sentir la carta que escondía. Era algo que certificaría mi pasado luminoso. Estaba cerca el momento de gritar: ¡aquí esta tu Vanguardia! El que se ganó el televisor soviético, el aire acondicionado soviético, el refrigerador soviético, la batidora soviética, la lavadora soviética, el que te hizo aprender hablar como los soviéticos y que te llevó a pasear al país de los sóviet. Pensaba en toda la gloria proletaria que habíamos vivido hasta que el juez preguntó:
–¿En qué usted trabaja, ciudadano?
La pregunta me puso a temblar. Por ese camino mi plan se vendría abajo. Hacía seis meses no trabajaba. Había quedado desempleado. No, esa no es la palabra correcta. Se dice: disponible. Quedé disponible debido a un cambio de tecnología. Soviética por canadiense. Fui excluido de la recalificación por haberme sobrepasado de la edad límite. Treinta y cinco años y un día. Por veinticuatro horas había quedado obsoleto junto a la antigua tecnología. Y por mucho que reclamé y busqué el apoyo sindical, terminé en una fábrica donde ganaba solo un tercio del anterior salario. Trabajé varias quincenas de ayudante. Cargaba insumos para una pila de negros analfabetos, llenos de collares de santerías, cadenas y dientes de oro, que más que trabajar lo que hacían era robarse lo que producían. Trabajé en un hervidero de alcohol, droga, polvos y cuchillos.
El juez estaba impaciente por la respuesta. Yo titubeaba para darla. Sabía que quedaría a la par de cualquier antisocial. No aceptaría mi historia. En un juicio hay que ser concreto, por primera vez sentí que perdería mi vieja lavadora.
–No estoy trabajando.
–¿De qué usted vive, ciudadano… quién mantiene su familia?
–Mi esposa es la que trabaja, yo me ocupo de las cosas de la casa.
–¡Ah! La lavadora es para que usted no se le lastime sus manitas.
Todos se rieron. El juez me ridiculizaba ante todos.  Parecía estar con un chicle en la boca. Las mandíbulas no dejaban de moverse.
–La lavadora es para que esté con su dueño, y usted está para impartir justicia, no para burlarse de mí –respondí.
–Aquí se hace y se dice lo que yo disponga.
Armamos un careo, del que salí mal parado. Me impuso una multa de doscientos pesos por desacato. En ese momento estuve convencido que no lograría sacar mi carta escondida.
–El que tenga la propiedad del equipo que la presente –dijo el Juez.

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viernes, 30 de marzo de 2012

La Aurika (2da parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”

La Aurika, 2da parte

 
Los tres forcejeábamos, ellas empujaban la Aurika hacia arriba, yo hacia abajo. Una me agredió, mi esposa la abofeteó. La Aurika cayó al piso. La policía llegó.
En la estación siguió la discusión al no ponernos de acuerdo junto al jeep, un oficial gritó para romper el nudo de palabras:
–Uno a uno, por favor, que no se entiende lo que dicen. ¡Si no se callan los meto en el calabozo!
Nos tranquilizamos. Una tregua. El oficial comenzó a darnos la palabra. Empezó por las portentosas mulatas llenas de alhajas. Pura caballerosidad, dijo.  Yo fui el último. Al parecer mi esposa y mi hija no existían para él.
–El dueño que enseñe la propiedad –ordenó.
–¡Ah, pero esos trastos viejos ya no tienen propiedad!, Si usted pidiera la propiedad de un aparato ultramoderno, vaya, un equipo de música como el que está en mi coche, por ejemplo –dijo una de las mulatas–, un trasto de estos se puede encontrar botado en cualquier esquina –aseveró risueña y coqueta.
El oficial sonrió. Intercambiaron sonrisas. ¡Vaya ricura de mulatas refinadas en el exterior! Eso debió pensar el policía. Mi esposa aprovechó el desliz emocional de la autoridad para contarle la historia de pujas y conflictos que antecedieron la compra de la vieja Aurika. Salió a colación la endemoniada reunión de méritos y deméritos donde hube de pelear duro contra mis compañeros de trabajo; la fábrica completa aspiraba a la única lavadora asignada.
–Muy interesante el cuento, pero ¿y la propiedad dónde está? –inquirió el oficial.
Sin pensarlo saqué de un bolsillo el vale de servicio del taller con la intención de mostrarlo:
–A usted no le he pedido nada –dijo molesto.
–Pero, oficial, mire este es el…
–No tengo que mirar nada, guárdese el papelito –ordenó.
Bajé mis manos y “el papelito”. Vaya papelito inútil, el que mi esposa puso delante del oficial.
–Esto no es lo que pido –dijo el oficial.
Por lo menos no se lo rechazó, pensé.
–Si no se ponen de acuerdo, van a tener que ir a juicio. 
Salimos de la unidad con las manos vacías. Nuestra hija lloraba. Las mulatas se quedaron rezagadas. Acogían cuanto beso le brindaran. ¡Vaya baboseo!
–¡Tú verás, mi amor, que estas hijas de putas te van a poner a lavar a mano!
–No acabo de entender, si tienen tanto dinero, ¿para qué quieren la Aurika? –preguntó mi mujer con el rostro entristecido.
–No entiendo lo que pasa, ni lo que nos pasará, pero vamos a tener que litigar nuestra vieja lavadora ante un juez, ¡cojones, con la cantidad de trabajos voluntarios que tuve que hacer para ganármela!
El día del juicio nos presentamos temprano en el pequeño local donde radicaba el Tribunal Popular de base o barrio, como algunos decían. Las dos mulatas llegaron justo a la hora de ser abierta la sala. Se desmontaron de una limosina marca Volvo, último modelo. Inmediatamente fueron rodeadas por una comisión de embullo. Las personas mascaban chicles, entre ellos, el oficial que nos había atendido en la estación. Un efluvio francés, se impuso en el recinto. Nuestro tibio olor a limpio se diluyó con la llegada de las dos mulatas refinadas en el exterior. Corroía todo lo que alcanzaba. El Juez se hizo esperar por casi una hora. Al irrumpir en la sala todos nos pusimos de pie. A la orden de sentarse, ocupamos nuestra posición. A continuación, leyó los papeles que estaban sobre la mesa y dijo:
–Al parecer hoy va a ser un día corto, ¿un solo litigio, Secretario?
–Sí –respondió el ayudante que lo miró nervioso o tal vez sorprendido.
Dos Alguaciles del Tribunal, apoyaron al Secretario con ademanes afirmativos.
–Que se acerquen los representantes de cada una de las partes –ordenó el Juez.

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jueves, 15 de marzo de 2012

La Aurika (1ra parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”


La Aurika, 1era parte.

La lavadora Aurika estaba en el borde de la acera; la suerte nos había acompañado ese día. El equipo, increíblemente, tuvo reparación en un taller cercano. Mi esposa cantaba a nuestra hija una canción infantil. Se veían felices, ajenas a mí y al motivo que nos había llevado a aquella esquina. Aparté la vista de ellas por un momento; para ser sincero llevaba un tiempo con la vista apartada del mundo, hasta de ellas, solo esporádicamente pequeños raptos felicidad me inducían a mirarlas. Me había transformado en un cautivo de la vida pasada o mejor dicho de la vida que me había pasado por encima. Con todo y eso, la prefería y la añoraba. Me eternicé en una inútil divagación mental sobre un pasado que jamás volvería. De eso quedé convencido aquel día al mirar hacia el borde de la acera donde ya no estaba nuestra lavadora. La Aurika ahora estaba detrás de un lujoso jeep todoterreno. Dos refinadas mulatas, llenas de alhajas, la cargaban. Corrí hacia ellas. Mi esposa arrastró a la niña, secundando mi acción.
–Compañeras, ¿qué hacen con mi lavadora? –dije a las elegantes señoras.
–¿Tu lavadora?... La tuya será otra, porque esta es nuestra –dijeron en copla perfecta, con evidentes ínfulas de superioridad–, paramos para acomodarla porque maltrataba nuestra compra –acotaron.
El interior del jeep estaba repleto de mercancías compradas en divisas, de esas que hacen empequeñecer a cualquier hombre honrado y trabajador que viva solo del salario y que además, tenga esposa e hija. Nosotros, mi familia y la vieja Aurika, dábamos una sensación de anacronismo junto a aquella gota de esplendor ostentoso caída en una ciudad que lloraba piedad y miseria.
–¡No!... esa es mi lavadora, la que gané mérito a mérito, con mi trabajo.
–Me parece que te confundiste –dijo una de ellas– ¿méritos?... –murmuró– mira, yo no sé de donde tú saliste, porque hasta donde nosotras conocemos las cosas se compran con dinero, no con esa cosa que mencionaste –acotó a la vez que su compañera la apoyaba con gestos–, busca la tuya, que esta se compró con dinero.
Los tres forcejeábamos, ellas empujaban la Aurika hacia arriba, yo hacia abajo. Una me agredió, mi esposa la abofeteó. La Aurika cayó al piso. La policía llegó.

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martes, 21 de febrero de 2012

La basura y yo (3ra parte)


Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

–Mi vida, ¿botaste la basura? –fueron sus primeras palabras.
–Sí.
–¡Qué extraño! El carretón de la basura viene por ahí, y nunca pasa dos veces. 
–¿Cómo que el carretón? –dije asombrado.
–Sí, el carretón de la basura lo dejé atrás cuando venía. Yo no sé dónde la habrás botado, pero por no oír a mi madre pelear, no me interesa lo que hiciste con la bolsa.
Había caminado casi diez kilómetros por gusto. No tuve valor de sincerarme, suele ser desagradable hacer el papel de ridículo. Opté por callar y esperar el carretón del siguiente día. Al llegar mi suegra en lo primero que recabó fue en la basura y al ver no verla se mantuvo relajada el resto del día. Pasamos una noche de feliz convivencia. Amaneció y la rutina volvió a nosotros. Mi esposa se despidió con un beso, y mostrándome otra bolsa llena de desperdicios dijo:
–Amor, acuérdate de tu misión, de ella depende nuestra tranquilidad.
Estuve pendiente todo el día del carretón, cada vez que sentía los cascos de algún caballo sobre el asfalto o el crujir de un coche, bajaba las escaleras con las dos bolsas de basura. Al llegar la tarde y mi esposa, las piernas me pesaban.
–¿Te sientes mal? –dijo al verme acostado.
–No, estoy cansado.
–¿Escribiste mucho?
Respondí con una sonrisa irónica, después le conté lo difícil que se hacía identificar el carretón de la basura. De pronto se escuchó el sonar de una campana.
–Oye, mi amor, ese es el carretón, siempre toca un cencerro, y corre, que está cerca y no espera mucho.
Corrí escaleras abajo, deteniéndome en el borde de la calle, ahí esperé un buen rato hasta que oí gritar:
–Sube, amor, que fue una falsa alarma, él pasa primero por la calle de atrás.
El carretón pasó por la calle de atrás, por la de los costados y por varias más, siempre sonando los metales. Bajé tantas veces como sonó la campana. Cuando le tocó el turno a mi infortunada calle, bajé una vez más. El carretón recogía la basura de los edificios de la cuadra que colinda, pero no tuve fuerzas para llegar allí. Al concluir la recogida en aquel lugar, el carretón dio media vuelta, pero antes el carretonero hizo una seña con la mano indicándome que estaba lleno, que lo esperara. Parado en el borde de la calle comí esa noche, el carretón no regresó. Nos pusimos de acuerdo y escondimos la basura dentro del cuarto para poder tener otra noche de buena convivencia.
Al día siguiente, con más experiencia en el asunto de la basura, dediqué la mañana a descansar. Por la tarde fue menester esperar el carretón, pero no pasó. Teníamos en el cuarto varias bolsas de nailon llenas de desperdicios dentro de un saco. Esa noche casi no pudimos dormir, los ratones habían descubierto el basurero particular y se pusieron a merodear debajo de la cama. Temíamos por nuestra hija, y nosotros, así que me mantuve la vigilia. Por la mañana, esperé estar solo para sacar el saco de debajo de la cama y salir con él al hombro. Al llegar a la intercepción fui detenido por un patrullero.
–Ciudadano, ¿usted no es de la zona?


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miércoles, 15 de febrero de 2012

¿Sabes qué es la pillocrasia?

Si no lo sabes, léete la novela negra Los ahorcados, para que nunca seas sorprendido por ella como les pasó a los personajes de la obra. La novela revelará su esencia y su hábitat. Mezquida dará más detalles y aportará pinceladas de su alcance.   

jueves, 2 de febrero de 2012

Novelas policíacas en KDP Select de Amazon



Como les anuncié antes, inscribí mis novelas policíacas “Los ahorcados” y “Tostado Tostado” en el KDP Select de Amazon, desde donde se venden de manera exclusiva por 90 días, desde febrero hasta el 29 de abril de 2012. Si luego me interesa y me da los resultados esperados valoraré mantenerlos allí o no.
KDP Select es una nueva opción para que los autores que publican en Kindle promuevan su libro. Los míos serán parte de la Biblioteca de Préstamo para Propietarios de Kindle (Kindle Owners' Lending Library) por dicho período, a la que podrán acceder los miembros Prime en los Estados Unidos que podrán elegir entre miles de libros para leer gratis, con una frecuencia de un libro por mes sin fecha de devolución.
También podré promocionar mis novelas gratis durante un máximo de 5 días incluidos en los 90 días. Esto sí que es una gran ventaja porque estarán libres para todos los lectores durante ese período.
Resumiendo, mis novelas en estos 90 días serán prestadas a los miembros Prime de Estados Unidos, además serán vendidos a todos las personas que deseen comprarlas desde la propia Amazon, aunque no pertenezcan al Club Prime y, muy importante, serán regalados a todo el que los quiera durante 5 días en los tres meses.

Desde ahora les estoy informando que podrán descargar gratis:
5 al 6 de febrero
5 al 6 de marzo
5  de abril
con la promoción:
Los ahorcados: para los amantes de la novela negra.

De 18 al 19 de febrero
Del 17 al 18 de marzo
14  de abril
con la promoción:
 Para los amantes de los asesinatos en serie: Tostado Tostado.

O comprarlos cualquier día del año.

viernes, 27 de enero de 2012

Acabo de terminar mi segunda novela policiaca

Hola a todos:
Acabo de terminar esta novela.
Estamos en un proceso de revisión que debe demorar unos días más, pero ya la he terminado y mucho trabajo me ha dado.
Se trata de una novela policiaca de 300 páginas, con mucho enredo y creo que emocionante.
Acabo de hacer la sinopsis y ahí se las dejo. El libro aún no tiene imagen de presentacion, pero en unos días la tendrá. Iré poniendo en este blog, las primeras páginas, si estás interesado no te lo pierdas.

¡Disfrútelo!

Un reencuentro entre dos personajes antagónicos desata el proceso de esclarecimiento de un viejo crimen que el ex-policía Orestes Chani dejó inconcluso medio siglo atrás. Valdescruz, un viejo doctor devenido como un personaje recóndito con intereses innobles, va descubriendo a través de una lectura desbordante, los pormenores de la  azarosa existencia de un luchador revolucionario que había amanecido ahorcado muchos años antes, y al cual se había conectado otro evento trágico, el asesinato de un antiguo juez. Más que una historia policíaca es un recuento de las motivaciones individuales de los personajes entrelazados a los hechos. El poder, componente determinante en la vida de los hombres y de las relaciones sociales, los amores poco ortodoxos, lo divino, la doble moral, el engaño y el odio, se unen en un todo y sugieren con sutileza el leitmotiv de cada uno de los personajes, atados a un fuerte instinto de supervivencia que subyace en cada una de las escenas como hilo conductor. Es la naturaleza humana quien corroe involuntariamente la conciencia de los hombres, parece clamar Valdecruz, es la natura, lo inevitable, lo intrínsico en cada ser. La eterna lucha del bien contra el mal no se presenta canonizada con el precepto de los puros, porque para el satánico lector que va narrando su propia historia dentro de otra, el dilema es el de inculcarle al adversario su verdad, haciéndole ver que no existe una línea imaginaria que separe el bien del mal, que los buenos no son íntegramente buenos y los malos tampoco son totalmente malos; para él, el ser humano es un poco Dios y un poco Diablo. Quien lea esta novela podrá tener su propia lectura del libro, pues los personajes están pensados para desatar la polémica.   

lunes, 26 de diciembre de 2011

Se dispara las ventas de los dispositivos Amazon

Según informa Business Insider, portal de información general con sede en San Fracisco (California, Estados Unidos), un estudio elaborado por Goldman Sachs, uno de los grupos de inversión a nivel mundial con sede en Nueva York (Nueva York, Estados Unidos), Kindle Fire, el “tablet”, un ordenador de pantalla táctil con forma de tabla de Amazon.com, la mayor compañía de ventas por Internet con sede en Seattle (Washington, Estados Unidos), obtendrá ventas en 2011 de cerca de seis millones de dispositivos.
Este estudio señala durante el ejercicio 2011 se alcanzarán ventas de ocho millones de unidades de eReaders, libro electrónico de la compañía, versión electrónica o digital de un libro o un texto publicado en la World Wide Web o en otros formatos electrónicos, con lo que sumando todos los dispositivos Amazon, solo en los último trimestre del presente año se alcanzarán ventas de catorce millones de dispositivos.
Goldman añade que no les sorprende el extraordinario éxito que el tablet de Amazon está tenido en el sector destacando su facilidad de uso ya que la interfaz está diseñada en torno a actividades como ver vídeo, escuchar música y leer y esto esencialmente permite al dispositivo hacer un gran trabajo facilitando el consumo rápido de contenidos por ejemplo si se tiene que comprar en la Amazon Store, tienda de Amazon de bienes digitales, o ya estén alojados en el dispositivo o en cloud computing, paradigma que permite ofrecer servicios de computación a través de Internet.
Características de Kindle Fire
Entre las características más sobresalientes de Kindle Fire resalta que pesa cuatrocientos gramos, dispone de pantalla a color de siete pulgadas con procesador de doble núcleo , viene equipado con Amazon Cloud Storage cuya tecnología permitirá que todo el contenido se sincronice, para descargar o eliminar, en Internet. Igualmente Kindle Fire traé consigo una excelente oferta digital, además de revistas y periódicos, con cien mil películas y series, diecisiete millones de canciones, acceso a Android Market, tienda de aplicaciones de Android, sistema operativo para dispositivos móviles que está basado en GNU/Linux e inicialmente fue desarrollado por Google, compañía con sede en Mountain View (California, Estados Unidos) y actualmente líder en búsquedas en Internet, y a Appstore, tienda de aplicaciones de Apple Computer, gigante tecnológico estadounidense con sede en Cupertino (California, Estados Unidos).
Kindle Fire tiene un precio de salida al mercado, 199 dólares, muy atractivo para atraer a millones de usuarios y convertirse en alternativa al liderazgo indiscutible del iPad en el sector. Estudios como el llevado a cabo por Barclays, compañía mundial de servicios financieros con sede en Londres (Reino Unido), pronostica que durante este último trimestre del presente año Amazon venderá 4,5 millones de unidades de su tablet Kindle Fire.
Desafiar el dominio del iPad
Esta nueva estrategia de Amazon, con el lanzamiento de Kindle Fire estaría destinada inicialmente en ampliar el negocio de la compañía y buscar la entrada en un sector, el del tablet, dominado de forma indiscutible por el iPad, tablet de Apple, que está batiendo todas las marcas de ventas conocidas alcanzado los ventinueve millones de unidades desde su lanzamiento en abril del pasado año.

Fuente: http://www.telcommunity.com/se-dispara-las-ventas-de-los-dispositivos-amazon/