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martes, 12 de marzo de 2013

Libro de cuentos para niños

Si tienes un niño de entre 3 y 12 años, puedes comprarle el libro “Arcoiris de cuentos” que contiene 35 cuentos infantiles contados lo más cercano posible al intelecto infantil, tal y como lo pudiera escribir un niño de 6, 7 u 8 años. A través de sus situaciones y personajes se pueden inculcar los más primogenios valores humanos. Cuentos sencillos, pero cargados de enseñanzas que harán de los niños mejores personas.


o en mi blog http://albertoacostabrito.blogspot.com/



sábado, 2 de marzo de 2013

El Héroe y el vendedor, 1ra parte

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"


–¡Ven acá, maricón, tú también te vas con nosotros! –gritó un policía vestido de civil a un vendedor que blandía con saña por la solapa de la camisa.
–Por su madrecita, yo no estoy en na´ –suplicó asustado el hombre, al sentir la punta del arma que amenazaba con volarle los sesos. Después fue lanzado sobre un carretón de madera detenido sobre el portal del bar. 
–Te voy a matar aquí mismo so´ desgracia´o –aseguró el agente.
Sonó un disparo y José Ramón, que a escasos metros combatía en franca desigualdad, cayó al suelo. El vendedor mojó sus pantalones, y debajo del carretón se dibujó un gran charco de orina; se sintió atravesado.
–Yo solo soy un vendedor de frutas, se lo juro –suplicó llorando, mientras José Ramón era arrastrado herido a la perseguidora. En ese momento lo creyeron muerto.
–Deja ese hombre, es gente buena –dijo uno de los policías, presto a subir al carro patrullero, sin dejar de ajustarse el uniforme.
–¿Este no es el que andaba con el otro? –insistió el guardia vestido de civil. El vendedor seguía suplicando su inocencia.
–Vamos, monta y deja a ese hombre que es gente nuestra –reiteró el uniformado que era el jefe del carro. El vendedor fue liberado y la perseguidora salió a toda prisa, mientras se escuchaba un disparo dentro de ella.
El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. 


Puedes continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, te esperamos,

o puede comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

sábado, 16 de febrero de 2013

La Aurika (1ra parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”


La Aurika, 1era parte.

La lavadora Aurika estaba en el borde de la acera; la suerte nos había acompañado ese día. El equipo, increíblemente, tuvo reparación en un taller cercano. Mi esposa cantaba a nuestra hija una canción infantil. Se veían felices, ajenas a mí y al motivo que nos había llevado a aquella esquina. Aparté la vista de ellas por un momento; para ser sincero llevaba un tiempo con la vista apartada del mundo, hasta de ellas, solo esporádicamente pequeños raptos felicidad me inducían a mirarlas. Me había transformado en un cautivo de la vida pasada o mejor dicho de la vida que me había pasado por encima. Con todo y eso, la prefería y la añoraba. Me eternicé en una inútil divagación mental sobre un pasado que jamás volvería. De eso quedé convencido aquel día al mirar hacia el borde de la acera donde ya no estaba nuestra lavadora. La Aurika ahora estaba detrás de un lujoso jeep todoterreno. Dos refinadas mulatas, llenas de alhajas, la cargaban. Corrí hacia ellas. Mi esposa arrastró a la niña, secundando mi acción.
–Compañeras, ¿qué hacen con mi lavadora? –dije a las elegantes señoras.
–¿Tu lavadora?... La tuya será otra, porque esta es nuestra –dijeron en copla perfecta, con evidentes ínfulas de superioridad–, paramos para acomodarla porque maltrataba nuestra compra –acotaron.
El interior del jeep estaba repleto de mercancías compradas en divisas, de esas que hacen empequeñecer a cualquier hombre honrado y trabajador que viva solo del salario y que además, tenga esposa e hija. Nosotros, mi familia y la vieja Aurika, dábamos una sensación de anacronismo junto a aquella gota de esplendor ostentoso caída en una ciudad que lloraba piedad y miseria.
–¡No!... esa es mi lavadora, la que gané mérito a mérito, con mi trabajo.
–Me parece que te confundiste –dijo una de ellas– ¿méritos?... –murmuró– mira, yo no sé de donde tú saliste, porque hasta donde nosotras conocemos las cosas se compran con dinero, no con esa cosa que mencionaste –acotó a la vez que su compañera la apoyaba con gestos–, busca la tuya, que esta se compró con dinero.
Los tres forcejeábamos, ellas empujaban la Aurika hacia arriba, yo hacia abajo. Una me agredió, mi esposa la abofeteó. La Aurika cayó al piso. La policía llegó.

Puede continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, le esperamos
o si le apura puede continuar en:
http://albertoacostabrito.galeon.com/

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jueves, 7 de febrero de 2013

1980

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

–¿Qué pasa allí? –pregunté a un vecino que miraba a lo lejos.
–Mira pa´llá… ¡qué molotera!, un carro se estrelló frente a la florería.
–¿Hubo muertos?
–Creo que dos.
Dejé de preguntar y seguí mi camino al trabajo. Siempre procuraba ser el primero en llegar. Era jefe de turno y me gustaba dar el ejemplo. Por el camino se agolpaban curiosos por todas partes. Querían saber el verdadero motivo de la molotera frente a la Florería. Hasta el carnicero había dejado de vender el pollo del racionamiento.
–¿Poco trabajo, Elías? –le dije al carnicero y sonreí. Una inmensa cola de vecinos se alteraba mientras esperaban por su inoportuna curiosidad.
–No ¡qué va! Mira como está la carnicería, pero quiero ver al atracador que cogieron.
–¿Pero no fue un accidente automovilístico? –dije asombrado.
–¿De dónde tú sacaste eso? Fue a un desgraciado que cogieron asaltando a una viejita –respondió muy seguro.
La duda me inquietó. Pero no podía seguir detenido por un evento contradictorio, ya iba atrasado. Reinicié la marcha. Cuanto más me acercaba a la florería, más compacto se hacía el tumulto de personas que obstruían el camino al trabajo.
–Oye, jefe, tremenda moña hay en esa casa, mataron a los dueños para robarle –dijo uno de mis trabajadores, que era vecino de la zona, cortándome el paso.
“¡Coño, ahí es donde viven el Chino y su esposa! ¿Las habrá sucedido algo a ese par de viejos?”, pensé. 

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
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sábado, 26 de enero de 2013

Musa por encargo, publicado por Libroptica


La editorial Libroptica, me publicó el libro de cuentos "Musa por encargo".
Te incluyo la dirección, espero que te guste.
http://www.libroptica.com.ar/Musa%20por%20encargo.html

El libro es una compilación heterogénea de historias que transitan desde la experiencia personal, hasta la más pura ficción.
El hombre de la parada, Fobia y Hermanos muestran la ambigüedad social de los años sesenta reflejada a través de unos niños de una familia acosada por la miseria. 1980 es una pincelada sobre el éxodo de comienzos de la década de los ochentas. Bar El Triángulo y El héroe y el vendedor, son dos relatos sobre la saga de la épica revolucionaria del 1959. La Aurika y Preámbulo para un suicida son una mirada aguda a los problemas generados por la crisis económica, que sacó a flote las mezquindades que subyacían en una persistente revolución socialista. El Disidente, representa la ingratitud y el radicalismo de unos, el conformismo y las posibles respuestas de otros. La basura y yo, un absurdo que parece decirnos que hay que valorar lo que se tiene. El mando y Turno de guardia pueden considerarse cuentos policíacos. Sueño de campeón, un mini cuento para los ansiosos.
En su conjunto, los cuentos reflejan el contexto en que vive una sociedad asfixiada entre dos aguas desde sus peculiaridades narrativas.

sábado, 1 de diciembre de 2012

1980

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

–¿Qué pasa allí? –pregunté a un vecino que miraba a lo lejos.
–Mira pa´llá… ¡qué molotera!, un carro se estrelló frente a la florería.
–¿Hubo muertos?
–Creo que dos.
Dejé de preguntar y seguí mi camino al trabajo. Siempre procuraba ser el primero en llegar. Era jefe de turno y me gustaba dar el ejemplo. Por el camino se agolpaban curiosos por todas partes. Querían saber el verdadero motivo de la molotera frente a la Florería. Hasta el carnicero había dejado de vender el pollo del racionamiento.
–¿Poco trabajo, Elías? –le dije al carnicero y sonreí. Una inmensa cola de vecinos se alteraba mientras esperaban por su inoportuna curiosidad.
–No ¡qué va! Mira como está la carnicería, pero quiero ver al atracador que cogieron.
–¿Pero no fue un accidente automovilístico? –dije asombrado.
–¿De dónde tú sacaste eso? Fue a un desgraciado que cogieron asaltando a una viejita –respondió muy seguro.
La duda me inquietó. Pero no podía seguir detenido por un evento contradictorio, ya iba atrasado. Reinicié la marcha. Cuanto más me acercaba a la florería, más compacto se hacía el tumulto de personas que obstruían el camino al trabajo.
–Oye, jefe, tremenda moña hay en esa casa, mataron a los dueños para robarle –dijo uno de mis trabajadores, que era vecino de la zona, cortándome el paso.
“¡Coño, ahí es donde viven el Chino y su esposa! ¿Las habrá sucedido algo a ese par de viejos?”, pensé. 

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


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martes, 27 de noviembre de 2012

La Aurika (1ra parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”

La Aurika, 1era parte.

La lavadora Aurika estaba en el borde de la acera; la suerte nos había acompañado ese día. El equipo, increíblemente, tuvo reparación en un taller cercano. Mi esposa cantaba a nuestra hija una canción infantil. Se veían felices, ajenas a mí y al motivo que nos había llevado a aquella esquina. Aparté la vista de ellas por un momento; para ser sincero llevaba un tiempo con la vista apartada del mundo, hasta de ellas, solo esporádicamente pequeños raptos felicidad me inducían a mirarlas. Me había transformado en un cautivo de la vida pasada o mejor dicho de la vida que me había pasado por encima. Con todo y eso, la prefería y la añoraba. Me eternicé en una inútil divagación mental sobre un pasado que jamás volvería. De eso quedé convencido aquel día al mirar hacia el borde de la acera donde ya no estaba nuestra lavadora. La Aurika ahora estaba detrás de un lujoso jeep todoterreno. Dos refinadas mulatas, llenas de alhajas, la cargaban. Corrí hacia ellas. Mi esposa arrastró a la niña, secundando mi acción.
–Compañeras, ¿qué hacen con mi lavadora? –dije a las elegantes señoras.
–¿Tu lavadora?... La tuya será otra, porque esta es nuestra –dijeron en copla perfecta, con evidentes ínfulas de superioridad–, paramos para acomodarla porque maltrataba nuestra compra –acotaron.
El interior del jeep estaba repleto de mercancías compradas en divisas, de esas que hacen empequeñecer a cualquier hombre honrado y trabajador que viva solo del salario y que además, tenga esposa e hija. Nosotros, mi familia y la vieja Aurika, dábamos una sensación de anacronismo junto a aquella gota de esplendor ostentoso caída en una ciudad que lloraba piedad y miseria.
–¡No!... esa es mi lavadora, la que gané mérito a mérito, con mi trabajo.
–Me parece que te confundiste –dijo una de ellas– ¿méritos?... –murmuró– mira, yo no sé de donde tú saliste, porque hasta donde nosotras conocemos las cosas se compran con dinero, no con esa cosa que mencionaste –acotó a la vez que su compañera la apoyaba con gestos–, busca la tuya, que esta se compró con dinero.
Los tres forcejeábamos, ellas empujaban la Aurika hacia arriba, yo hacia abajo. Una me agredió, mi esposa la abofeteó. La Aurika cayó al piso. La policía llegó.

Puede continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, le esperamos
o si le apura puede continuar en:
http://albertoacostabrito.galeon.com/

o comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
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También encontrará novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

domingo, 18 de noviembre de 2012

El Héroe y el vendedor, 1ra parte

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"


–¡Ven acá, maricón, tú también te vas con nosotros! –gritó un policía vestido de civil a un vendedor que blandía con saña por la solapa de la camisa.
–Por su madrecita, yo no estoy en na´ –suplicó asustado el hombre, al sentir la punta del arma que amenazaba con volarle los sesos. Después fue lanzado sobre un carretón de madera detenido sobre el portal del bar. 
–Te voy a matar aquí mismo so´ desgracia´o –aseguró el agente.
Sonó un disparo y José Ramón, que a escasos metros combatía en franca desigualdad, cayó al suelo. El vendedor mojó sus pantalones, y debajo del carretón se dibujó un gran charco de orina; se sintió atravesado.
–Yo solo soy un vendedor de frutas, se lo juro –suplicó llorando, mientras José Ramón era arrastrado herido a la perseguidora. En ese momento lo creyeron muerto.
–Deja ese hombre, es gente buena –dijo uno de los policías, presto a subir al carro patrullero, sin dejar de ajustarse el uniforme.
–¿Este no es el que andaba con el otro? –insistió el guardia vestido de civil. El vendedor seguía suplicando su inocencia.
–Vamos, monta y deja a ese hombre que es gente nuestra –reiteró el uniformado que era el jefe del carro. El vendedor fue liberado y la perseguidora salió a toda prisa, mientras se escuchaba un disparo dentro de ella.
El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. 


Puedes continuar leyendo en la próxima entrada de este blog, te esperamos,

o puede comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


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y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Musa por encargo, publicado por Libroptica

La editorial Libroptica, me ha publica el libro de cuentos "Musa por encargo".
Te incluyo la dirección, espero que te guste.
http://www.libroptica.com.ar/Musa%20por%20encargo.html

El libro es una compilación heterogénea de historias que transitan desde la experiencia personal, hasta la más pura ficción.
El hombre de la parada, Fobia y Hermanos muestran la ambigüedad social de los años sesenta reflejada a través de unos niños de una familia acosada por la miseria. 1980 es una pincelada sobre el éxodo de comienzos de la década de los ochentas. Bar El Triángulo y El héroe y el vendedor, son dos relatos sobre la saga de la épica revolucionaria del 1959. La Aurika y Preámbulo para un suicida son una mirada aguda a los problemas generados por la crisis económica, que sacó a flote las mezquindades que subyacían en una persistente revolución socialista. El Disidente, representa la ingratitud y el radicalismo de unos, el conformismo y las posibles respuestas de otros. La basura y yo, un absurdo que parece decirnos que hay que valorar lo que se tiene. El mando y Turno de guardia pueden considerarse cuentos policíacos. Sueño de campeón, un mini cuento para los ansiosos.
En su conjunto, los cuentos reflejan el contexto en que vive una sociedad asfixiada entre dos aguas desde sus peculiaridades narrativas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Libro de cuentos para niños

Si tienes un niño de entre 3 y 12 años, puedes comprarle el libro “Arcoiris de cuentos” que contiene 35 cuentos infantiles contados lo más cercano posible al intelecto infantil, tal y como lo pudiera escribir un niño de 6, 7 u 8 años. A través de sus situaciones y personajes se pueden inculcar los más primogenios valores humanos. Cuentos sencillos, pero cargados de enseñanzas que harán de los niños mejores personas.


o en mi blog http://albertoacostabrito.blogspot.com/

miércoles, 10 de octubre de 2012

El Héroe y el vendedor, 2da parte


–Yo solo soy un vendedor de frutas, se lo juro –suplicó llorando, mientras José Ramón era arrastrado herido a la perseguidora. En ese momento lo creyeron muerto.
–Deja ese hombre, es gente buena –dijo uno de los policías, presto a subir al carro patrullero, sin dejar de ajustarse el uniforme.
–¿Este no es el que andaba con el otro? –insistió el guardia vestido de civil. El vendedor seguía suplicando su inocencia.
–Vamos, monta y deja a ese hombre que es gente nuestra –reiteró el uniformado que era el jefe del carro. El vendedor fue liberado y la perseguidora salió a toda prisa, mientras se escuchaba un disparo dentro de ella.
El antiguo vendedor agonizaba, sin tiempo apenas para exonerarse ante mí. La muerte al parecer le había dado una tregua, según los médicos debió morir desde hacía días. Una escena se le veía congelada en su mente. Tal pareciera que aquel joven era abatido en ese mismo instante. El ruido de los proyectiles aún zumbaba en sus oídos, podía escucharlo a través de sus pupilas lánguidas, casi muerta, diría. Nunca ocultó su miedo ni su incomprensión ante aquellas balas. Contó mientras pudo sobre el silbido de la bala, que derribó al joven combatiente, y jamás olvidó las ofensas y el forcejeo cuerpo a cuerpo que antecedieron a la muerte.
Pasé trabajo para que alguien pudiera dar fe de lo acontecido, a pesar de que el nombre de José Ramón anda mezclado en la vida que transito.
Solo sé que es un mártir, desconozco su historia, fue la primera respuesta que obtuve en una dependencia estatal que llevaba su nombre. Durante días anduve indagando por las bibliotecas, y poco pude lograr, a pesar de la colaboración de sus trabajadores. No existía documentación ni libros que mencionaran el nombre del muchacho que había muerto ese día. En la Unión de Historiadores de Cuba nada tenían al respecto. Pensé que fue un hombre irrelevante y que el miedo que provocó su muerte al vendedor fue exagerado. Pero... ¿y la historia oída tantas veces? ¿Y el miedo en el rostro del vendedor y su angustia al contar lo sucedido? Tenía la versión del hecho bien concebida:
Dos jóvenes se bajaron de una ruta 28 en la parada frente al Jalisco Park. Dejaron la calle 23 y siguieron por 18.
–Toma el arma –dijo José Ramón, al sospechar que el hombre frente al bar de Miguel era un policía vestido de civil; el arma iba oculta en la cintura, trató de pasársela a su colega.
–Quédate con ella... a ti es al que buscan –insistió el compañero titubeando. Hubo un segundo de discordia, hasta que con gran tensión José Ramón pudo colocar el cuarenta y cinco en la cintura de su acompañante.
–No cojas por ahí –advirtió el amigo, receloso de que hubieran montado una celada en la intersección. 
El agente hablaba al oído de una persona que obsequiándole frutas de una carretilla respondía sigiloso y trémulo, manteniéndose inmóvil sobre el portal del bar de Miguel. Era un vendedor ambulante que, súbitamente, había suspendido sus pregones mañaneros.
–A ese me le escapo en su nariz, o, lo estrello contra el piso. El arma es tuya, te ordeno alejarte de mí… de ese me encargo yo –contestó José Ramón.
Así se hizo, el compañero tomó el arma y cambió de rumbo, él se dispuso a atravesar el punto neurálgico.
La versión del suceso, contada tantas veces por el vendedor, me había llevado a tener mi propia apreciación del hecho. La historia desconocida del mártir era cautivadora. Muchas veces me reproché estar ocupado en alguien que no resolvería el cúmulo de problemas que afectan mi vida cotidiana.      
¿Cómo habría escapado su compañero de la muerte? 



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domingo, 23 de septiembre de 2012

Musa por encargo, publicado por Libroptica

La editorial Libroptica, me ha publica el libro de cuentos "Musa por encargo".
Te incluyo la dirección, espero que te guste.
http://www.libroptica.com.ar/Musa%20por%20encargo.html


El libro es una compilación heterogénea de historias que transitan desde la experiencia personal, hasta la más pura ficción.
El hombre de la parada, Fobia y Hermanos muestran la ambigüedad social de los años sesenta reflejada a través de unos niños de una familia acosada por la miseria. 1980 es una pincelada sobre el éxodo de comienzos de la década de los ochentas. Bar El Triángulo y El héroe y el vendedor, son dos relatos sobre la saga de la épica revolucionaria del 1959. La Aurika y Preámbulo para un suicida son una mirada aguda a los problemas generados por la crisis económica, que sacó a flote las mezquindades que subyacían en una persistente revolución socialista. El Disidente, representa la ingratitud y el radicalismo de unos, el conformismo y las posibles respuestas de otros. La basura y yo, un absurdo que parece decirnos que hay que valorar lo que se tiene. El mando y Turno de guardia pueden considerarse cuentos policíacos. Sueño de campeón, un mini cuento para los ansiosos.
En su conjunto, los cuentos reflejan el contexto en que vive una sociedad asfixiada entre dos aguas desde sus peculiaridades narrativas.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Libro de cuentos para niños

Si tienes un niño de entre 3 y 12 años, puedes comprarle el libro “Arcoiris de cuentos” que contiene 35 cuentos infantiles contados lo más cercano posible al intelecto infantil, tal y como lo pudiera escribir un niño de 6, 7 u 8 años. A través de sus situaciones y personajes se pueden inculcar los más primogenios valores humanos. Cuentos sencillos, pero cargados de enseñanzas que harán de los niños mejores personas.


domingo, 8 de julio de 2012

Musa por encargo, publicado por Libroptica

La editorial Libroptica, me ha publica el libro de cuentos "Musa por encargo".
Te incluyo la dirección, espero que te guste.
http://www.libroptica.com.ar/Musa%20por%20encargo.html

El libro es una compilación heterogénea de historias que transitan desde la experiencia personal, hasta la más pura ficción.
El hombre de la parada, Fobia y Hermanos muestran la ambigüedad social de los años sesenta reflejada a través de unos niños de una familia acosada por la miseria. 1980 es una pincelada sobre el éxodo de comienzos de la década de los ochentas. Bar El Triángulo y El héroe y el vendedor, son dos relatos sobre la saga de la épica revolucionaria del 1959. La Aurika y Preámbulo para un suicida son una mirada aguda a los problemas generados por la crisis económica, que sacó a flote las mezquindades que subyacían en una persistente revolución socialista. El Disidente, representa la ingratitud y el radicalismo de unos, el conformismo y las posibles respuestas de otros. La basura y yo, un absurdo que parece decirnos que hay que valorar lo que se tiene. El mando y Turno de guardia pueden considerarse cuentos policíacos. Sueño de campeón, un mini cuento para los ansiosos.
En su conjunto, los cuentos reflejan el contexto en que vive una sociedad asfixiada entre dos aguas desde sus peculiaridades narrativas.

miércoles, 27 de junio de 2012

Arcoiris de cuentos para niños


Si tienes un niño de entre 3 y 12 años, puedes comprarle el libro “Arcoiris de cuentos” que contiene 35 cuentos infantiles contados lo más cercano posible al intelecto infantil, tal y como lo pudiera escribir un niño de 6, 7 u 8 años. A través de sus situaciones y personajes se pueden inculcar los más primogenios valores humanos. Cuentos sencillos, pero cargados de enseñanzas que harán de los niños mejores personas.

http://www.amazon.com/dp/B005RFFNC8

martes, 15 de mayo de 2012

Libro de cuentos para niños


 
Si tienes un niño de entre 3 y 12 años, puedes comprarle el libro “Arcoiris de cuentos” que contiene 35 cuentos infantiles contados lo más cercano posible al intelecto infantil, tal y como lo pudiera escribir un niño de 6, 7 u 8 años. A través de sus situaciones y personajes se pueden inculcar los más primogenios valores humanos. Cuentos sencillos, pero cargados de enseñanzas que harán de los niños mejores personas.



jueves, 12 de abril de 2012

1980

Cuento que aparece en el libro "Preámbulo para un suicida"

  –¿Qué pasa allí? –pregunté a un vecino que miraba a lo lejos.
–Mira pa´llá… ¡qué molotera!, un carro se estrelló frente a la florería.
–¿Hubo muertos?
–Creo que dos.
Dejé de preguntar y seguí mi camino al trabajo. Siempre procuraba ser el primero en llegar. Era jefe de turno y me gustaba dar el ejemplo. Por el camino se agolpaban curiosos por todas partes. Querían saber el verdadero motivo de la molotera frente a la Florería. Hasta el carnicero había dejado de vender el pollo del racionamiento.
–¿Poco trabajo, Elías? –le dije al carnicero y sonreí. Una inmensa cola de vecinos se alteraba mientras esperaban por su inoportuna curiosidad.
–No ¡qué va! Mira como está la carnicería, pero quiero ver al atracador que cogieron.
–¿Pero no fue un accidente automovilístico? –dije asombrado.
–¿De dónde tú sacaste eso? Fue a un desgraciado que cogieron asaltando a una viejita –respondió muy seguro.
La duda me inquietó. Pero no podía seguir detenido por un evento contradictorio, ya iba atrasado. Reinicié la marcha. Cuanto más me acercaba a la florería, más compacto se hacía el tumulto de personas que obstruían el camino al trabajo.
–Oye, jefe, tremenda moña hay en esa casa, mataron a los dueños para robarle –dijo uno de mis trabajadores, que era vecino de la zona, cortándome el paso.
“¡Coño, ahí es donde viven el Chino y su esposa! ¿Las habrá sucedido algo a ese par de viejos?”, pensé. 

Puedes comprar el libro en solo 1 USD en: http://www.amazon.com/dp/B005S1TZSY
o en: http://www.smashwords.com/books/view/95876?ref=AlbertoAcostaBrito


También encontrarás novelas, otros cuentos para adultos e infantiles y poesía del autor a iguales precios en: http://www.amazon.com/-/e/B005S005YI
y en http://www.smashwords.com/profile/view/AlbertoAcostaBrito

jueves, 5 de abril de 2012

La Aurika (3ra parte), cuento que aparece en el libro “Preámbulo para un suicida”

La Aurika, 3era parte
 
–Que se acerquen los representantes de cada una de las partes –ordenó el Juez.
Un señor de cuello y corbata, con un elegante portafolio de piel de serpiente, se acercó a la mesa y dijo algo, después señaló para las señoras. El juez al ver que faltaba nuestro representante, preguntó:
–¿Y el abogado de ustedes?
–Yo no sabía que había que traer abogado, solo vine a buscar mi lavadora.
Todos en la sala rieron. Yo estaba convencido que un tipo como yo, trabajador de toda una vida, se le sobresaldrían los méritos por encima de la ropa, llegado el momento. El juez golpeó la mesa con un mazo de madera y sonrió para decir:
–Usted está aquí para litigar una lavadora, no para llevársela –incriminé a mi esposa con la mirada: ¡Comemierda, debiste estudiar derecho y no magisterio!, le dije en silencio. Ella pareció escucharme, bajó la cabeza.
–Quién se va a llevar esa lavadora lo determino yo, en dependencia de las pruebas que obren a favor o en contra de cada una de las partes –aclaró el letrado.
Mi esposa levantó el rostro con evidente ira. Imaginé su réplica: ¡Comemierda serás tú! La niña estaba en el medio. Era como un muro de contención. Sin ella nos hubiéramos ido a las manos. Dime, ¿qué te dieron tus diplomitas de cumplidor de la Emulación Socialista y tu condición de Vanguardia?... estúpido, estúpido. Gritaba, estaba seguro de que lo pensaba. El Juez no dejaba de cuestionarnos–. Debió haber ido a un bufete de abogados y solicitar los servicios de un civilista...–de esta pierdo a mi esposa. ¿Qué mujer quisiera estar con un fracasado? con un tipo que se deja timar con tanta felicidad. Ninguna, pensé. ¡No seré el primero, ni el último! Muchos estuvimos comiendo mierda por años. Sentí un fuerte nudo en la garganta al verme separado de mi hija. ¡Coño, tengo que reconocer que las quiero!– Si decidió defenderse usted mismo, vamos a ver como sale de aquí –indicó el Juez.
Así empezaba el caso de la lavadora Aurika. El juez oyó todas las partes implicadas. Las mulatas no abrieron la boca; el abogado habló por ellas. Mencionó un millón de por cuantos y artículos mientras demostraba la intachable conducta de sus defendidas. Se apoyaba con un montón de papeles. Nosotros solamente llevábamos el carné de identidad. Mi esposa debió pensar así. No me conocía tan bien como se imaginaba. Se llevaría un fiasco. No sabía de mi carta escondida. Era una sorpresa. Solo esperaba el momento preciso para sacarla y así desacreditaría a las dos estafadoras. Sería mi triunfo, el que me haría recuperar su confianza. Volvería a sentir orgullo de tener un marido intachable, un hombre inteligente y trabajador. No un estúpido, como el que estaba mirando. Se le notaba en el rostro, en aquella mirada fija que me entraban por el medio del pecho. Viví en un eterno reproche por haberlas abandonado en casa, domingo tras domingo. Me iba a la fábrica a hacer trabajos voluntarios. Cumplía con los días de la defensa y con cuánta mierda inventaran. ¡La niña quiere salir a un parque con su papá, ir al cine, vernos juntos! Pedía constantemente. Pero lo hecho, hecho está, y el tiempo no regresa, no vuelve atrás. Ahora estaba en condiciones, según había calculado, de reivindicarme frente a ella y mi hija. Volvería a ser el mismo de antes. El que se batía a capa y espada en aquellas reuniones sindicales en defensa de los méritos que quisieron escamotearme, en ocasiones, ciertas pandillas laborales. Así me hacía sentir la carta que escondía. Era algo que certificaría mi pasado luminoso. Estaba cerca el momento de gritar: ¡aquí esta tu Vanguardia! El que se ganó el televisor soviético, el aire acondicionado soviético, el refrigerador soviético, la batidora soviética, la lavadora soviética, el que te hizo aprender hablar como los soviéticos y que te llevó a pasear al país de los sóviet. Pensaba en toda la gloria proletaria que habíamos vivido hasta que el juez preguntó:
–¿En qué usted trabaja, ciudadano?
La pregunta me puso a temblar. Por ese camino mi plan se vendría abajo. Hacía seis meses no trabajaba. Había quedado desempleado. No, esa no es la palabra correcta. Se dice: disponible. Quedé disponible debido a un cambio de tecnología. Soviética por canadiense. Fui excluido de la recalificación por haberme sobrepasado de la edad límite. Treinta y cinco años y un día. Por veinticuatro horas había quedado obsoleto junto a la antigua tecnología. Y por mucho que reclamé y busqué el apoyo sindical, terminé en una fábrica donde ganaba solo un tercio del anterior salario. Trabajé varias quincenas de ayudante. Cargaba insumos para una pila de negros analfabetos, llenos de collares de santerías, cadenas y dientes de oro, que más que trabajar lo que hacían era robarse lo que producían. Trabajé en un hervidero de alcohol, droga, polvos y cuchillos.
El juez estaba impaciente por la respuesta. Yo titubeaba para darla. Sabía que quedaría a la par de cualquier antisocial. No aceptaría mi historia. En un juicio hay que ser concreto, por primera vez sentí que perdería mi vieja lavadora.
–No estoy trabajando.
–¿De qué usted vive, ciudadano… quién mantiene su familia?
–Mi esposa es la que trabaja, yo me ocupo de las cosas de la casa.
–¡Ah! La lavadora es para que usted no se le lastime sus manitas.
Todos se rieron. El juez me ridiculizaba ante todos.  Parecía estar con un chicle en la boca. Las mandíbulas no dejaban de moverse.
–La lavadora es para que esté con su dueño, y usted está para impartir justicia, no para burlarse de mí –respondí.
–Aquí se hace y se dice lo que yo disponga.
Armamos un careo, del que salí mal parado. Me impuso una multa de doscientos pesos por desacato. En ese momento estuve convencido que no lograría sacar mi carta escondida.
–El que tenga la propiedad del equipo que la presente –dijo el Juez.

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domingo, 1 de abril de 2012

Preámbulo para un suicida


Me busqué en esa maldita lista, pero mi nombre no apareció. Al salir del teatro tenía la cabeza a punto de estallar; en la garganta se atoraba un nudo. No sabía cómo enfrentar la situación en la casa. A mi esposa le había negado, muchas veces, mi atención en aras del trabajo, poniéndola incluso a soñar con las divisas que ganaría al ser reabierta la fábrica, daba por seguro mi permanecía en el centro laboral.
–¿No estás ahí? –dijo Amable, un compañero que también se buscaba, y al contestarle negativamente sugirió que revisara en las listas puestas frente a la Administración–. En aquellas debes de estar –aseguró.


Crucé la calle con actitud suicida al finalizar la jugarreta montada tras la bambalina del teatro, del otro lado alguien esperaba.
–¿Estás loco? ¿O te quieres morir? –dijo Mario, un antiguo amigo de clases.
–Loco no estoy –respondí bien molesto.
–No permitiré que cometas una locura, menos ahora que vamos a ser yuntas. Te invito a tomar unos tragos, sé que no eres bebedor, pero hoy la ocasión lo amerita, vamos a ser compañeros en la pincha –aseguró Mario. 
Me dirigí al lugar indicado por Amable y desesperado busqué en los listados frente a la administración. Mi nombre no apareció, esto me llevó a entrar a la oficina donde fui recibido por el administrador que esbozaba una sonrisa y fumaba un gran Habano.


–Ven, mi yunta, te invito a tomar unos tragos, sé que no eres bebedor, pero hoy la ocasión lo amerita, vamos a ser compañeros en la pincha, aseguró.
No entendía las palabras de Mario, mi infortunio lo mantenía en absoluto secreto, y ser su compañero era estar en la calle metido en negocios turbios con dinero siempre en los bolsillos, cosa que no se ceñía a mi vida austera y laboriosa. Por un momento pensé que era un reclutamiento para alguna de sus sinvergüencerías. No abrí la boca, me encontraba atormentado, lo sucedido detrás de las bambalinas del teatro, me tenía con desgano. Acto seguido Mario me tomó por un brazo arrastrándome a un bar cercano.


–¿Qué se le ofrece, compañero? –dijo el administrador en tono muy pausado pese a mi forma brusca de entrar.
–Vine a que me explique el porqué quedé fuera de todas esas listas.
El administrador absorbió una bocanada del oloroso tabaco, convidándome a sentar, su serenidad hizo que lo obedeciera sin decir una palabra.
–Trae dos laguer bien fríos –pidió mi amigo al cantinero. Nos sentamos y me acodé en la barra para sostener la cabeza.
–Cerveza no, si voy a tomar quiero algo que me raspe la vida.
–¡Oh, qué bien!, mejor así, yo también soy bebedor fuerte... pon dos vasos con vodka y una naranjada –volvió a ordenar Mario.
Con los dos vasos llenos de vodka mi amigo propuso un brindis.
–¿Brindis?... ¿Por qué?
–Porque vamos a ser yuntas en la pincha, yo te enseño a meter cabeza y tú me alumbrarás dentro de la fábrica, llevas un montón de años dentro del monstruo.
Aunque estaba claro lo que decía Mario, seguía sin entenderlo, no tenían lógicas sus palabras. Lo observé con detenimiento antes de emitir criterio alguno, él permanecía bebiendo y concentrado en su vaso de vodka pintado de naranjada, yo el mío ni lo tocaba. Se divertía con su vaso y mi recelo, al tiempo que esperaba mis palabras.


–Mire, compañero, nosotros solos no hicimos la selección, estuvieron presentes todos los factores del centro, incluyendo el socio extranjero y la comisión fue presidida por el sindicato, quien dio el visto bueno –aclaró el futuro gerente.
–¿Cómo el sindicato va a dar el visto bueno a mi despido? Si yo estoy lleno de méritos, era hasta Vanguardia provincial. ¡Coño!, estúpido que fui. ¿Con qué cara digo en casa que quedé fuera de la fábrica?
El futuro Gerente solo me observaba fumando el gran Habano, no hizo el más mínimo de los gestos, atendía como si calculara una respuesta.


–Oye, compadre, ¿cómo si la fábrica está cerrada y no se sabe cuando vuelve a abrir, ni quienes se quedarán trabajando en ella, vas a venir con tanta seguridad a decirme que seremos compañero de trabajo?
–Voy a entrar por uno de los cursos que pusieron a convocatoria –contestó Mario.


–No se ponga así, compañero… –dijo el administrador–, el Estado no deja desamparado a nadie. ¿Usted se buscó en el listado que está en el pasillo?
–Sí, es por eso que estoy aquí.
El administrador hizo una mueca de asombro.
–Entonces le otorgaron un curso que no le gustó, ¿es eso?
–No, creo que he sido bien claro, ¡no aparezco ni en los centros espirituales!
–¡Tiene que existir un error! El consenso sobre usted era insuperable.
–Esa es mi esperanza, que exista algún error.


Lo miré sorprendido, él se mostró risueño con su vista clavada en mí, ya nos veíamos, nuestras pupilas se habían adaptado a la penumbra del bar. Recordaba el pasado, la época en que estudiábamos, realmente Mario cursaba dos cursos por encima del mío.
–Es imposible que puedas entrar a la fábrica por uno de esos cursos –le dije.
Después hice algunos análisis. La convocatoria de los cursos no es muy específica, no aclara la procedencia de los aspirantes, pero está bien definido, como un requisito inviolable e indispensable, el límite de edad.
–Dame una razón que me imposibilite entrar en uno de ellos –respondió desafiante Mario interrumpiendo mi meditación.


El administrador se levantó de su butacón, salió en dirección al lugar donde estaban colgadas las listas, las husmeó por un rato hasta que decidió regresar.
–Dígame, ¿Qué edad tiene usted?
–Treinta y cinco.
–¿Cumplido o por cumplir?
–Hace tres meses que los cumplí.
–Esto me dice que cuando se reunió la comisión ya había cumplido los treinta y cinco años –el futuro Gerente hizo un brusco movimiento de cejas.
–¿Qué tiene que ver mi cumpleaños con quedar fuera; sin trabajo?
–Usted no ha quedado sin trabajo, mejor diríamos, que está por reubicar, además tiene derecho a reclamar ante su sindicato. Le pregunté su edad para ganar en claridad y poder explicarle su situación –dijo el administrador comunicándome que los cursos eran para menores de treinta y cinco años.


–Compadre, no sea porfiado, ¿tú no leíste la convocatoria? –dije a Mario quien confesó que a través de otro amigo conoció de la convocatoria, que nunca leyó y el mismo amigo hizo la solicitud entregándola a su nombre.
–¡Tu amigo no te habló claro!... ¡Existe un límite de edad para entrar en esos cursos y tú estás bastante pasadito! –afirmé frente a Mario quien siguió bebiendo feliz, risueño; muy seguro de entrar al curso. Ya iba por el tercer vaso de vodka, el mío se mantenía intacto, pero el tipo me simpatizaba y llegué a solidarizarme y hasta creí comprender su actitud panglosiana. Éramos dos incautos de sueños truncados. Yo perdía mi trabajo, mis sueños de cobrar divisas. Él, su curso y su sueño de volver a ser mi compañero.


–¡Qué clase de mierda me han hecho! –grité en las oficinas, no podía creer lo que sucedía, apenas por treinta días de vida perdía la permanencia laboral.
En ese mismo momento hice la primera reclamación, teniendo cuidado que nadie se enterara en la casa, estaba seguro de que mi reclamo era irrebatible. Las listas se marchitaban en los murales, casi a diario iba a revisarlas con la esperanza de que mi nombre apareciera en una de ellas, hasta que recibí una citación para el teatro de la fábrica. Ese día fui dispuesto a defender mis derechos frente a los de la comisión, y ante un representante sindical salido de no sé dónde.

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